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11-07-2008

Pilar Cambra
Redactora jefa de Expansión

'Positifo' y 'negatifo'

Los extremos se tocan y los polos opuestos se atraen… Vale: es algo corroborado por la experiencia de cada cual… Pero, ¿también en el trabajo?, ¿sí?, ¿en serio?

Eso dicen, sí: que los extremos se tocan, que los polos opuestos se atraen; o sea que entre el amor y el odio hay un trecho cortísimo –un solo paso, a veces – y que la timidez hace unas migas excelentes con la extroversión… Lo que yo digo es que depende: cierto que conozco matrimonios felicísimos en los que la volubilidad de ella casa a la perfección con el laconismo de él; pero también sé de algunos, no menos felices, en los que la convivencia es como una especie de choque de trenes entre dos caracteres fortísimos… En este segundo caso, ellos alegan que su excelente unión está cimentada en las broncas "porque, tras la discusión, llega lo mejor: la reconciliación". Vale.

Por lo que a mí respecta, cuento con amigos de todas las coloraturas, como el surtido de la botica; he conseguido llevarme de miedo con melancólicos tipos norteños que contrastan con mi exhuberancia mediterránea; he anudado lazos estrechísimos con personas que piensan lo mismo que yo sobre una docena de asuntos y están al otro lado de la barricada en una decena de cuestiones; y he trenzado lazos de muchísimo afecto con quien se identifica conmigo en todo: nos gustan los mismos libros, el mismo cine, la misma música, los mismos olores y sabores y hasta la misma manera de perder el tiempo… Es decir, que lo de que la complementariedad lleva inevitablemente a la felicidad no es un axioma.

Y, en mi humilde opinión, donde más se pone en cuestión la perfecta armonía entre los polos opuestos es en el trabajo.

Porque así, a ojo de buen cubero, los jefes, colegas y subordinados se dividen en dos grandes grupos con la misma denominación que los polos: los positifos –como decía aquel entrenador de fútbol– y los negatifos… Por recurrir al sobadísimo tópico, nuestra convivencia laboral se desarrolla –siempre y en toda circunstancia, sea cual sea el tamaño de la empresa y el tipo de tarea al que nos dediquemos– con quienes ven "la botella medio llena" y con los otros, con los que ven "la botella medio vacía"… ¡Ah!: nosotros mismos, cada uno de nosotros, pertenecemos a uno de esos dos grupos por narices. No hay más cáscaras… El positivo no es necesariamente el optimista; ni tampoco el conformista que dice 'sí' a todo y a todos –"todo le viene bien", como dice mi madre de los grandes comilones–… Su principal rasgo de identidad es –creo yo– la admirable capacidad de vislumbrar una salida hasta en las situaciones más comprometidas y enrevesadas… Por definirlo en dos refranes, el positivo es el que piensa: 1) que lo que no mata, engorda; y 2) que no hay mal que por bien no venga ni que cien años dure… Ese empuje, ese ímpetu es, justamente, lo que tal vez le permite abrirse camino y abrir caminos a los demás hasta en un muro de hormigón.

Tampoco el negativo es lo que describimos como un cenizo, un cascarrabias o un aguafiestas… El negativo es el auténtico maestro de las objeciones; el que, con la fuerza de su razón, de su inteligencia, de su prudencia, pone un cierto control al arranque del positivo, que tiende a ir como una moto… El negativo –pese al calificativo que le he adjudicado- no es el hombre (o la mujer) del "no", sino del cauto– y siempre necesario - pero… Sus refranes serían, por tanto: 1) días de mucho, vísperas de nada; y 2) vísteme despacio que tengo prisa.

Y vamos al rollo de la convivencia entre positivos y negativos en el trabajo… Erraríamos –y gravemente– si pretendiésemos que sus maneras de pensar, de actuar, de encarar los problemas y las soluciones convergiesen en un punto… ¡Que no, hombre, que son como líneas paralelas!... De lo que se trata, laboralmente hablando, no es de uniformar a los positivos y a los negativos, de meterlos en el mismo redil, de dejarnos la piel a tiras tratando de conseguir que digan "sí" o "no" al unísono… La eficacia, la utilidad, la conveniencia de crear equipos laborales formados por positivos y negativos no está en su identificación sino, precisamente, en su diversidad: lo que diferencia a unos de otros es, precisa y felizmente, lo que los complementa y da un enorme valor a su contraste de visiones y pareceres… Así, lo que puede ser una caída de los negativos en el pozo del derrotismo se verá frenada por los esfuerzos de los animosos positivos… Y lo que lleva trazas de convertirse en un castañazo contra el muro del fracaso por culpa de la impetuosidad de los positivos se evitará gracias al tirón en los faldones, a las señales de alarma que tienen siempre dispuestas los negativos… En ocasiones, sin embargo, la balanza de la decisión se inclinará de un lado o de otro, según parezca más conveniente para la empresa: ganará la mesura de los negativos o el arrojo de los positivos. Así pues, no es necesario que, en el trabajo, los extremos "se toquen" ni que los polos opuestos "se atraigan"… Bastará con que se combinen hábilmente entre sí, como esas salsas agridulces que tanto y tan placentero sabor proporcionan a las cocinas orientales.