

16-05-2008
Pilar Cambra
Redactora jefe de Expansión.
Los peldaños que hay que subir para que un "colega" de trabajo se convierta en "compañero" y, más tarde, en "amigo" son múltiples. Y, a veces, empinados.
Una advertencia inicial y necesaria: voy a comenzar con trazos de brocha gorda, sin detenerme demasiado en matizaciones ni filigranas... AsÃ, a lo bruto, a las personas con las que trabajamos -si es usted un cazador o corazón laboral solitario, puede dejar de leer en este mismo instante; de nada...- cabrÃa dividirlas en dos grupos: los que están por ti -y por los demás- y los que no están ni por ti, ni por nadie...
Sé que es una clasificación simplona, temeraria e insensata... Pero llevo tanto tiempo caminando por las trochas del espeso bosque laboral que, en primera instancia, esa distribución me parece clara y suficiente para, de una parte, no ver fantasmas y espectros -colega=killer en potencia- sentados en las mesas de la oficina que nos rodean; y, de otra, para dejar de creer a pies juntillas en los cuentos de hadas -colega= mago padrino o hada madrina-... El universo laboral es duro, muy duro. Más duro que el granito...
Pero no necesariamente -o no siempre- tan hostil y tan fiero como lo pintan... Resulta raro, desde luego, que en el lugar de "curre" alguien te cante aquello que Joan Manuel Serrat le decÃa a un amigo: "Lo tuyo es nuestro y lo mÃo, de los dos"... Sin embargo, tampoco es el pan profesional de cada dÃa que te traten en la oficina como una cantante mexicana, llamada Paquita la del barrio, lo hace con el hombre que la abandonó: "Rata con patas"... Ni lo uno, ni lo otro...
Pero yo sigo en mis trece de no engañarme ni engañar con una visión o siniestra o rosácea de la realidad... ¿Cómo identificar a los colegas que, por mucho que tú te esfuerces y los trates con guante de terciopelo, jamás ascenderán a la categorÃa de "compañeros" y mucho menos a la de "amigos"?...
Hay una frase, una frase simple y definitiva que los define: "Ese es de los que siempre va a lo suyo"... Jamás esperes de él un favor, un consejo, una advertencia, un aviso que te ayude o te evite caer en trampas y correr peligros evitables... Al contrario: ese que "va a lo suyo", en cuanto vea salir por los toriles del trabajo un morlaco con la tarascada escrita en la cornamenta -un encargo difÃcil, una tarea endiablada, un objetivo imposible de alcanzar-, pondrá en juego toda su habilidad y sus mañanas -que suelen ser muchas- para que la femoral que quede expuesta a la cornada sea la tuya, la de otros... Nunca la suya...
Dicho de otro modo: el "simplemente colega" no tiene el más mÃnimo interés en convertirse en tu compañero, en tu amigo... Demasiado engorroso para un tipo cuya máxima ambición es llevar una vida laboral magnificente y poner a dieta de marrones a todos los demás.
Percibir el potencial de "compañeros" que tienen otros colegas tampoco es tan complicado... Son esos que, antes de que tú abras la boca, con sólo notar que se te están hinchando las carótidas porque te hallas al lÃmite de tus fuerzas y de tu resistencia, vienen y te preguntan: "¿Te puedo echar una mano?, ¿quieres que te ayude?... Yo también voy a tope, pero, ahora mismo, tengo un poco de tiempo para lo que necesites"...
Son esos que, el dÃa excepcional en el que no tienes más narices que salir media hora antes de la oficina porque a tu niño hay que graduarle la vista ¡ya!, se ofrecen a responder a tus llamadas telefónicas, a "acerte la guardia" durante esa media hora de ausencia... Son esos, en definitiva, que tienen siempre listo el capote para sacarte de apuros... Y que, además, no llevan una "lista de favores hechos" en el bolsillo para restregártela por los morros en la primera ocasión que se presente.
Y queda una tercera categorÃa: la más sublime, la que puede considerarse un don del cielo... O sea: el "colega" que se convirtió en "compañero"... Y, ahora, estáis subiendo, a la par, el escalón de "amigos" -si puede ser (que puede), "para siempre", como dice la copla-... Ese sà que no necesita preguntarte nada; tampoco tú necesitas preguntarle nada a él...
La plena, completa y absoluta seguridad de que jamás os haréis "faenas" el uno al otro se añade a la costumbre -convertida en bendito hábito- de preguntaros mutuamente, con frecuencia y naturalidad, si os podéis ayudar en algo, sea personal o profesional, trátese de un problema fÃsico o anÃmico...
Ahà está el amigo -como ahà estás tú para él- para desatascar juntos un tapón en el trabajo; para desahogar uno en el otro cualquier agobio, preocupación o angustia; para hacer unas risas juntos lo más frecuentemente posible...
Al "colega" que se convirtió en "compañero" y, finalmente, en "amigo" no necesitas pedirle que te eche una mano ni un capote... El amigo intuye, sabe, adivina cuando sale por los toriles ese astado que lleva las peores intenciones del mundo... Y ya no es sólo que corra a protegerte, a ayudarte, a corregirte con afecto cuándo sea menester -una de las formas más nobles que toma la amistad-... ¡Es que viene a la carrera con un capote en las manos para salvarte! Y no un capote cualquiera: un capote de grana y oro.