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28-02-2008

Pilar Cambra
Redactora jefe de Expansión.

La famosa 'química'

No siempre. No permanentemente. Pero, ocasionalmente, sí tengo la sensación de que, en la empresa, las relaciones han pasado por un baño de laboratorio.

Hubo un tiempo -no sé si perdido para siempre- en el que las cosas tenían definiciones sencillas, inteligibles a las primeras de cambio, al alcance de todos los bolsillos y todas las mentes... Por ejemplo: se toreaba "bien" o "mal"... Ahora -cuando yo ya no voy a los toros, pero veo alguna corrida por la tele- escucho eso de "este torero (o este toro) transmite (o no transmite)" y, la verdad, no me entero muy bien qué me quieren decir. O sea: me quedo "desconectada" de la "transmisión".

En este momento, creo que la palabra de moda, al uso y al abuso referida a las relaciones humanas es "química"... La clave es si hay química, si no la hay, si es escasa o superabundante… La sensibilidad, los movimientos del corazón, la afinidad, lo que dice la razón y la fuerza de voluntad quedan así reducidos, me parece a mí, a una feliz o desdichada combinación de humores y substancias, de chispazos y caprichos que no se pueden -o no se quieren- dominar. Y, la verdad, no sé muy bien si esto es bueno o malo. Me parece simplista y, en el fondo, simpático.

Hace pocos días me presentaron a la hermana de un viejo conocido mío. Yo, que soy muy abrazona, la saludé afectuosamente porque, además de estar convencida de que "los amigos de mis amigos son mis amigos", también creo firmemente que "los parientes de mis viejos conocidos son, a las primeras de cambio, ya conocidos míos también"… Una que, en esto de las "relaciones humanas", es así de primaria… En cuanto le lancé toda mi efusividad a la mujer que me estaban presentado, me entró la duda de si -como tantas veces- no me estaría pasando tres o cuatro pueblos y mi afabilidad casi incontrolada no extrañaría e, incluso, molestaría.

Pero, esta vez, hubo suerte, mucha suerte: la hermana de mi viejo amigo resultó ser tan abrazona como yo y agradeció mucho mi riada de cordialidad. Lo que es más: en cuanto, tras el saludo, comenzamos a conversar y -lo que fue decisivo- a lanzar carcajadas juntas, ella afirmó: "Estoy segurísima de que tú y yo seríamos excelente compañeras de trabajo… Hay química". Y, desde luego, la había. Aunque, probablemente, yo nunca hubiera llamado así a la facilidad y la rapidez con la que encontramos temas de interés comunes.

Y, ciertamente, entre la multitud de jefes, colegas y subordinados que nos acompañaron, nos acompañan y nos acompañarán en nuestra vida laboral, siempre hemos encontrado más "afinidades electivas" con unos que con otros… Siempre hubo, hay y habrá una persona, -o cinco, o diez- con la que la obligatoria relación de trabajo se convierte en una voluntaria y fuerte amistad. ¿Porque hay "química"?... Bueno… O porque hay "física"… O porque uno tiene la experiencia que a otro le falta y está bien dispuesto a transmitírsela; o porque encajan perfectamente las cualidades de uno con las carencias de otro y a la inversa; o porque se comparte una afición; o porque se tienen hijos de la misma edad y, consecuentemente, las mismas preocupaciones; o porque es la pareja de mus soñada; o porque…

La trama que nos enlaza a unos seres humanos con otros es muy tupida e infinitamente compleja… Y, desde luego, un tapiz que se teje con cuidado, lentamente, con muchas dificultades…

De ahí que a mí me dé un poco la risa (floja) la manía de establecer "buena química" así, en un plís-plás, con un chasquear de dedos en el ámbito del trabajo... Me parece un voluntarismo frívolo, qué quieres que te diga...

Naturalmente que, si hay "buena química", mejor que mejor… Pero, ¿y qué hacemos con el "cardo borriquero", con esa persona de carácter esquinado, poco comunicativa, tímida que, obviamente, existe en todo grupo humano?, ¿qué hacemos con ese excelente profesional que cumple a la perfección todas sus tareas pero que no es muy sociable que digamos: no le gusta tomar café, no le gusta hablar de fútbol, no le gusta contar nada sobre sí mismo?... ¿Qué hacemos si es imposible dar con la "química" que nos acerque a ese personaje?...

Pues, en mi opinión, lo que se ha procurado hacer siempre para que reinase un buen clima humano en la empresa hasta que empezamos con las zarandajas de la famosa "química": poner en acción la férrea voluntad -tan fría ella, tan eficaz ella…- para "llevarse bien"… Que, desde luego, no significa, necesariamente, ser "inti" de toda la nómina, de la cruz a la raya; ni siquiera serlo de una porción mayor o menor de ella. El buen viejo "llevarse bien" quiere decir -creo- colaborar, cooperar, ayudar, corregir -cuando sea menester-, compartir, comprender, excusar y, en fin, partirse el bazo para que nadie se sienta excluido, olvidado o arrinconado… Si hay "química", miel sobre hojuelas; si no la hay, será la voluntad la que, con el aceite de la afabilidad, irá engrasando la compleja maquinaria de las relaciones humanas. Porque aquella exclamación del "¡Vamos a llevarnos bien!" tiene poco -o nada- que ver con la intuición y mucho -o todo- que ver con la decisión.