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26-09-2007

Fernando Pombo
Presidente Asociación Internacional de Abogados

"La gestión en España es conservadora, pero innovadora"

Fernando Pombo, un veterano jurista que preside la firma Gómez-Acebo & Pombo y la Asociación Internacional de Abogados, ha sido testigo de las sucesivas revoluciones del mercado jurídico en España, que ha crecido al calor de las aventuras empresariales "made in Spain".

Marta Fernández / Expansión.

Procedente de una larga tradición familiar de juristas, Fernando Pombo (Santander, 1943) es la cabeza estratégica de Gómez-Acebo & Pombo y el presidente de un curioso club legal: la Asociación Internacional de Abogados (IBA, en sus siglas en inglés), una especie de colegio de colegios donde se aglutinan 20.000 abogados. "Es un lugar permanente de la abogacía mundial, que se creó en 1947 con el espíritu de ser una ONU de los abogados", apunta Pombo, único español que ha ocupado la presidencia de esta asociación.

Su papel al frente de la IBA (en un mandato de 2007 a 2008) le lleva a vivir dispares situaciones: desde estudiar los principios éticos de la abogacía y profundizar en las nuevas ramas del Derecho hasta viajar a Irán para defender los derechos de la mujer.

Mientras, lleva más de treinta años pensando que Gómez-Acebo & Pombo, la firma que fundó y preside, no puede crecer más. En 1977, seis años después de su creación, el bufete tenía 24 abogados. "Pensamos que ya habíamos tocado techo. No podíamos imaginar cómo iba a marchar el mercado", indica. Al principio, la firma "hacía de todo, desde problemas en comunidades de vecinos a Derecho matrimonial y accidentes de circulación. Dudo que haya algo más formativo que asumir las responsabilidades del cliente".

El bufete, que abrió el 3 de septiembre oficina en Londres, sigue multiplicando su negocio, hasta ocupar, con una facturación de 47,6 millones de euros, 248 abogados (incluidos 41 socios) y 9 oficinas (dos en el extranjero: Londres y Bruselas), el octavo puesto en el mercado español, según el ránking anual de Expansión.

Testigo de excepción del devenir del mercado legal, Pombo habla de explosiones empresariales y profesionales para diagnosticar el arranque del moderno negocio de servicios jurídicos en España. "El mercado legal creció por la explosión de empresarios y compañías españoles, lo que supuso el gran elemento multiplicador de la demanda de servicios jurídicos. Así se produjo una enorme explosión de la abogacía española, que ha sido capaz de asombrar al mundo por la calidad de sus profesionales".

Para el jurista, "el mercado legal ha cambiado mucho por el aumento de la competencia, lo que ha llevado a algunas firmas, muy necesitadas de aparecer en operaciones lucidas, a caer en la tentación de ofrecer servicios a precios irracionales".

La interminable opa eléctrica ha sido, en los dos últimos años, la prueba de fuego del sector. "La opa de Endesa nos dio la oportunidad de demostrar la calidad de los despachos españoles, pero, por su repercusión mediática, la discreción que los abogados deben tener sufrió por la necesidad de noticias espectaculares".

En el incierto contexto actual derivado de la crisis crediticia, Pombo cree que "hay muchos empresarios españoles de gran solidez que solventarán muy bien este momento de incertidumbre en los mercados, porque están basados en una gestión suficientemente conservadora, aunque innovadora, como para superar las tensiones actuales".

En cuanto a su valoración sobre el poder judicial, Pombo considera que "en España, disponemos de buenos jueces y fiscales; tenemos un sistema más fuerte y que se ha modernizado. El problema más difícil es la adecuación de la formación al aumento de la demanda de servicios judiciales". Sin embargo, cree que "ha sido una pena que no se haya mantenido un acuerdo tan valioso como el Pacto de la Justicia, cuyos principios eran un buen camino para la modernización".

Independencia
Sobre la nueva regulación de la relación laboral de los abogados, Pombo no se muestra satisfecho. "Respetamos rigurosamente el marco jurídico; pero queremos un abogado con extraordinarias dotes de independencia, que sea capaz de asumir responsabilidades y de tomar decisiones en beneficio del cliente. Ése es un profesional de gran autonomía y muy alejado de una relación laboral".

El presidente de Gómez-Acebo & Pombo podría haber sido abogado del Estado (oposición que preparó durante veinte meses), pero varias circunstancias cambiaron su destino, que desembocó en la creación, en Madrid en 1971, del despacho con dos socios: Ignacio Gómez-Acebo y José Miguel Bravo Laguna.

Antes de fundar el bufete, Pombo dejó las oposiciones, tras el fallecimiento de su padre, y se marchó a realizar estudios doctorales a las Universidades de Ámsterdam (Holanda) y Múnich (Alemania). "Alemania siempre me había fascinado por el planteamiento riguroso de sus académicos", aclara Pombo.

A su vuelta de Alemania, fundó la firma. El abogado recuerda aquella época, en la que "Rodrigo Uría Meruéndano [fallecido el pasado julio], que ha sido una figura determinante en la abogacía española, se incorporó al despacho de su padre, que se convirtió en una gran firma".

Gómez-Acebo & Pombo está ahora inmersa en un nuevo plan estratégico para mejorar su posicionamiento en el mercado. El plan ha conllevado la ruptura de su relación con su socio luso, Vieira de Almeida & Asociados, y el cierre de la oficina de Sevilla para centrarse en la de Málaga. "Con el plan, queremos avanzar cualitativamente y cuantitativamente hacia unos parámetros de tamaño, número de clientes y rendimiento notablemente superiores a los actuales", resume Pombo.

No es la primera revolución empresarial de Gómez-Acebo & Pombo. En los años noventa, la firma, bajo una mentalidad empresarial, instauró la figura del socio director y creó una estructura de sociedad mercantil (similar al partnership británico), en el que los socios participan en el capital. "Comenzamos así a aplicar un plan de carrera, con el que los abogados brillantes supieron que tenían un camino para llegar a ser socios", apunta Pombo.

¿Cuál es el reparto de poder en el bufete? "La figura del socio director es la de un consejero delegado; como presidente, desempeño una figura de fundador, ejecutivo y mandón; y el socio director [que hoy es Manuel Martín] se encarga de que las cosas pasen, de la ejecución; es un consejero delegado todopoderoso". En su opinión, "es un buen modelo para los grandes despachos profesionales y también para muchas grandes empresas".

Asimismo, según el jurista, este sistema dual de gestión "ayuda a tener clara una estructura de sucesión planificada". Los socios de Gómez-Acebo & Pombo eligen cada tres años "a sus líderes, que forman un comité de dirección, con el socio director al frente". Este año, Gonzalo de Ulloa ha sido nombrado, a propuesta de Fernando Pombo, vicepresidente dentro de este comité. Según las reglas del despacho, Pombo, en su condición de fundador, ocupará la presidencia mientras esté en activo. ¿Hasta cuándo seguirá ejerciendo? El jurista sonríe, no aclara sus planes y opta por la respuesta diplomática. "Tengo la satisfacción de que, dentro de la firma, hay una estructura de líderes de la siguiente generación que está haciendo un gran trabajo, con lo cual no tendrá una gran importancia cuándo deje yo el puesto".

Cita en Singapur
Sin desvelar sus cartas, Pombo prepara, mientras, la próxima reunión de la IBA, que se celebrará en octubre en Singapur (China). Una cita anual que reunirá 4.000 abogados de 115 países y que cuenta con una jugosa agenda integrada por temas como los PPP (proyectos basados en una colaboración público-privada), los derechos humanos o la independencia de los abogados y los jueces. "Trataremos lo último de lo último para los abogados", concluye Pombo.

Negocios con un toque cántabro
Tras estudiar Derecho, Juan Pombo Conejo, tatarabuelo paterno de Fernando Pombo, fue uno de los emprendedores santanderinos que creó en 1857 Banco de Santander, germen del actual Grupo Santander. Pombo Conejo fue el primer presidente de esta entidad financiera. "Desde un origen empresarial castellano, relacionado con el comercio de cereales y harinas, mi tatarabuelo fue desarrollando distintos negocios en Santander; la banca era una consecuencia obvia de esa actividad", explica Fernando Pombo, que estudió Derecho, igual que su antecesores. De perfil humanista, Pombo recuerda que "estudiar Derecho era algo frecuente en muchas familias españolas desde el siglo XIX; era una forma de adquirir una formación para la consolidación de la persona. Con la orientación española y europea actual, se va a dar otra vez un rasgo de formación humana que la Universidad española necesita en la actualidad".

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