Un portal de expansion.com y elmundo.es
Especial Call Center
El reino de la promoción interna
Entre el 80% y el 95% de las vacantes se cubren con profesionales de la casa.
Icono Publicidad
ENCUESTA
¿Está satisfecho con su empleo actual?

No
OPINIÓN
El psicólogo Carl Jung argumentaba que el mundo occidental, al eliminar cualquier elemento fuera de la estricta racionalidad, trasladó al nivel de subconsciencia una serie de arquetipos arraigados en nuestra conciencia colectiva primitiva.
Expansion.com
elmundo.es

24-07-2008

Carles M. Canals
Articulista

La necesidad de desconectar

En un par de semanas, media Europa comenzará sus vacaciones, aunque mucha gente tendrá que rebajar sus aspiraciones por la crisis. Pero ya hace años la tendencia parece ser tomarse diez o quince días y reservarse el resto.

Es lo que hay, pero yo soy partidario de que el periodo de descanso sea largo, al menos para los profesionales que trabajan más con el cerebro que con las manos. Pienso especialmente en aquellos cuyo trabajo esencial es tomar decisiones, como los máximos ejecutivos de la política y de la empresa.

No sé casi nada de medicina, pero parece que el cerebro también se cansa. Cuando llevan mucho tiempo seguido funcionando a pleno rendimiento, las neuronas empiezan a chirriar y echar chispas. Si uno se para a pensar, se nota irritable e impaciente. Advierte pequeños olvidos. Afloran síntomas de intolerancia con las limitaciones propias y ajenas. A poco que uno se descuide, se deja llevar por el mal humor y le invade el pesimismo. Ha llegado la hora de desconectar.

François Mitterrand, el discutido presidente de la República Francesa, procuraba ir los fines de semana a su casa de campo. No siempre podía hacerlo, pero se daba cuenta de que lo necesitaba. "Tres meses sin salir de París y empiezo a confundir los olores, lo que es una señal de alarma", escribió en su diario El grano y la paja. Tampoco es que hiciera nada especial: leía, charlaba con los aldeanos, daba largos paseos, contemplaba la naturaleza. "El alhelí aboga por la existencia de Dios mejor que las vidrieras de Nôtre Dame", anotó al regreso de una caminata el socialista supuestamente agnóstico.

El problema es que mucha gente no sabe desconectar. Quizá es que bastantes no quieren desconectar. Se consideran absolutamente imprescindibles, lo cual ya es un error de apreciación del que debieran sospechar. Salvo en caso de naufragio, un directivo de empresa incapaz de desconectar debería hacerse varias preguntas: el tamaño de su ego, la importancia que ocupa en su vida la familia, el grado de confianza que tiene en sus colaboradores, cuántas responsabilidades innecesarias ha asumido, su habilidad para organizar el trabajo..

Hay también gente incapaz de desconectar porque cree que descansar es no hacer nada, o que realizar actividades inútiles es perder el tiempo. ¡Con lo reparadores que son los hobbies! El general Marshall leía noveluchas del Oeste. Las novelas policíacas constituían un bálsamo para Konrad Adenauer y Margaret Thatcher. Por cierto, la Dama de Hierro guardaba menús de banquetes oficiales en los que había participado y en ratos libres los ordenaba. Franklin D. Roosevelt coleccionaba sellos de otros países y dedicaba tiempo a clasificarlos. Winston S. Churchill se refugiaba en la pintura. Empezó a pintar a una edad muy tardía, pero descubrió que con ella conseguía aislarse del mundo en guerra.

De cuando en cuando, el cerebro necesita que le pasen una esponja: desactivar unos circuitos sobrecalentados y poner en funcionamiento otros. Cortar con el día a día habitual para dedicarnos a leer libros inútiles, contemplar el paisaje, navegar, charlotear con la familia, subir y bajar montañas...

A la vuelta, uno descubre que links que antes parecían indisolublemente unidos son más cuestionables de lo que creíamos. A uno se le ocurren nuevas maneras de afrontar un problema que le obsesionó durante semanas o meses. Ha desdramatizado y relativizado situaciones que antes le angustiaban. Uno regresa más optimista.

Publicidad
Humanos con recursos