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11-07-2008

Antonio M. Calderín
Director General de Sonosite Ibérica

Rafa o la inquebrantable voluntad de ganar

Si pensamos en Nadal como en un joven profesional, ¿creen que se acobardaría por la crisis económica?

Jugar una final de Wimbledon contra quien ya la ha ganado cinco veces, contra quien sabe, y así lo ha confesado públicamente que es mejor que él, contra quien le ha empatado a dos sets, después de ir perdiendo 2 a 0 y superado dos bolas de partido, y seguir peleando, sin rendirse y sin retroceder un palmo y sin permitirse el mínimo atisbo de ser derrotado, hasta la victoria final, merece una calificación no sólo de "deportista excepcional" sino de persona con una inquebrantable voluntad de ganar, de la que todos deberíamos aprender.

Rafa no sólo nos tuvo en vilo la tarde del domingo pasado y nos dio la inmensa alegría de su victoria, sino que nos ha brindado una lección de concentración, de tesón y voluntad y de cómo si uno se marca un objetivo, lo quiere cumplir y pone pasión en lograrlo, es muy difícil no hacerlo. La victoria es del que persevera, decía Bonaparte, y en el mundo empresarial sabemos bien que cada día lleva su afán y que, al igual que un campeonato como Wimbledon no se consigue sino con una sucesión de victorias y dos semanas de lucha, el éxito empresarial es imposible sin la perseverancia y la constancia a lo largo del tiempo.

Si pensáramos en Rafa Nadal como en un joven profesional que trabajara en una empresa, ¿creen que se acobardaría por la crisis económica que ya nos está afectando y que, según dicen todos, nos va a afectar aún más? ¿O por la competencia, o por cumplir unos objetivos mensuales o anuales más o menos ambiciosos? Yo, francamente, creo que no. Creo que se echaría todos los retos a la espalda, se concentraría en ellos tan intensamente como se concentra en los partidos de tenis y acometería con pasión y responsabilidad lo que se propone, aunque tenga que hacerlo en un entorno adverso (con dos paradas por la lluvia, en su caso) y sin importarle tener delante al más temible de los competidores.

Rafa nos enseña también a los profesionales de la empresa una enorme lección de responsabilidad y de cómo no hay edad ni condición para asumirla en toda su plenitud. "La verdadera grandeza es responsabilidad", decía Churchill. Uno es el principal responsable de lo que consigue tanto personal como profesionalmente, porque la responsabilidad no es más que la libertad de elegir lo que más conviene. Eso sí, una vez que se ha elegido, nada debe hacer que los objetivos marcados no se cumplan.

Sencillez
Hay otra lección que podemos sacar de Rafa, tanto profesional como personalmente: su sencillez, humildad y naturalidad, que he tenido la oportunidad de corroborar las veces que he tratado personalmente con él. Muchos otros en su lugar se habrían vuelto intratables, ya que el triunfo se les habría subido a la cabeza. La victoria, decía Cicerón, es de por sí insolente y arrogante. ¿Cómo consigue este ganador nato, victorioso en cien batallas, no ser presa de la arrogancia y de la vanidad?

Hay muchos empresarios y directivos, que todos conocemos, que van por la vida como si todos debiéramos bajar la cabeza cuando pasan, y este mozalbete de 22 años, que ha conseguido ya casi todo lo que un deportista puede soñar, les enseña y nos enseña que no por ello hay que endiosarse ni envanecerse; que todo es más natural y sencillo de lo que parece y que nunca, ni en ningún momento, debemos distanciarnos de los demás. Porque toda la importancia que creamos tener no es más que vanidad pasajera.

Rafa, finalmente, corrobora las dos estrofas finales del maravilloso If (Si) de Ruyard Kipling:
Si alcanzas el triunfo después de la derrota
y acoges con igual calma esas dos mentiras;
si puedes conservar tu valor, tu cabeza
cuando la pierdan otros...
Entonces, los Reyes, los Dioses, la Suerte y la Victoria
serán ya para siempre tus sumisos esclavos
y, lo que vale más que la Gloria y los Reyes:
serás Hombre, hijo mío.

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