

14-07-2007
Ignacio García de Leániz
Socio colaborador del Grupo Accenture
Si consideramos recursos a nuestros colaboradores, no debemos extrañarnos de que planteen resistencias propias del mundo físico y actúen sin iniciativa ni compromiso. Es un ejemplo de la crisis que atraviesa la gestión de personas.
Originario del mundo de los sistemas y de la gestión de proyectos, el sustantivo ha hecho fortuna en los últimos años y avanza imparable por el resto de departamentos y sectores empresariales: “Tráeme un recurso”, “este recurso no me funciona”, “¿qué hay del recurso que pedí”?, “no puedo verte, que tengo que entrevistar a un recurso”, “tenemos una elevada rotación de recursos” o “no hay manera de motivar a este recurso” son frases cotidianas que se dicen y oyen en distintas organizaciones sin apenas sorprendernos.
Así, como quien no quiere la cosa, estamos entronizando la palabra en cuestión, que amenaza con desterrar a los antiguos sustantivos “persona”, “personal”, “colaborador”, “miembro o integrante de un equipo”, todos ellos de mejor abolengo que “recurso” que suena algo grotesco y que en lugar de describir más bien cosifica al designado.
Si en la década de los 70 los antiguos departamentos de personal se habían transmutado en divisiones de recursos humanos, tres décadas después está decayendo cual hoja otoñal caduca ese adjetivo “humano” que personalizaba la acepción en cuestión distinguiéndola mal que bien de los recursos materiales y financieros.
El asunto no es baladí, sino un reflejo lingüístico de la grave crisis por la que atraviesa la gestión de las personas de un tiempo a esta parte, cuya característica principal es el extraño silencio que hay en torno a ella. Pero toda aberración lingüística necesita, como virus que es, de un caballo de Troya con el que burlar paulatinamente el cortafuegos del sentido común de la semántica y del respeto al individuo: en nuestro caso, “recurso” vino a significar inicialmente el individuo que estaba disponible para ser asignado a un proyecto o grupo de trabajo.
De dicha connotación se está llegando a un tropo en que la parte sustituye al todo, y “recurso” ha terminado en algunas organizaciones por desplazar a “persona” y sus sinónimos, como la economía nos cuenta que la moneda mala acaba expulsando a la buena de la circulación. No es de extrañar que hace unos meses una flamante directora de recursos humanos declarase enfáticamente y sin rubor alguno que, lógicamente, su departamento no podía garantizar el buen comportamiento de todos sus “recursos” (sic). No cabe en la pandemia que nos amenaza echar la culpa esta vez a la influencia americana por cuanto resource no se utiliza allí en el ámbito gerencial como torpe metonimia de person, people, employee, headcount o member.
Se alegará pragmáticamente que al fin y al cabo poco importa para nuestra gestión cotidiana tal uso indebido; el problema es que después del siglo XX sabemos que las trampas del lenguaje acostumbran a reflejar una determinada concepción del mundo y del hombre. Si al concepto de “recurso” lo despojamos de lo “humano”, es decir, de su índole personal, ni piensa ni padece; ni siquiera se comporta. Pertenece como tal al mundo inerte regido por las tres leyes de Newton, que recordemos que eran las de inercia, fuerza y acción y reacción. Si a nuestros colaboradores los denominamos como “recursos”, no nos extrañe entonces que planteen resistencias propias del mundo físico y terminen reaccionando como tales bajo los efectos de una profecía de auto-cumplimiento sin iniciativa y compromiso algunos, que son al fin y al cabo sustantivos únicamente humanos.
O hacemos algo al respecto en nuestro uso cotidiano del lenguaje o a este paso los departamentos de recursos humanos acabarán fusionándose con los financieros y los de compras, pasando a denominarse división de recursos varios, y nosotros intentando animar a los miembros de nuestro equipo diciéndoles: “Le felicito; es usted un gran recurso” o “enhorabuena, te hemos nombrado recurso del mes”, mientras nos gastamos un dineral en implantar el último modelo de gestión por competencias o de identificación y retención del talento.
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