

06-05-2008
Los años 60 dejaron ideales que perviven en el ámbito empresarial.
Lucy Kellaway / Financial Times.
En mayo de 1968 tuve mi primera experiencia sexual. TenÃa casi nueve años en aquella época y esa tarde la habÃa pasado jugando a la goma en mi habitación con mi mejor amiga, Tabitha. Cuando nos cansamos de brincar por encima del elástico estirado entre dos sillas, me habló sobre el beso en la boca y -brevemente y con bastante menos entusiasmo- lo probamos.
Hacia esa misma fecha, mi madre llegó un dÃa con una bolsa de la tienda Kids In Gear de la calle Carnaby. Dentro habÃa una minifalda negra de pana, con un cinturón rojo de piel casi tan ancho como la falda, y un ceñido polo de cuello alto y color mostaza. Nunca he tenido otro uniforme que me gustara tanto, y nunca me he vuelto a sentir tan a gusto.
Aparte de estos dos incidentes aislados, los años 60 no me dejaron una gran huella. Sin embargo, 40 años después no consigo dejar atrás esta década. Mi trabajo consiste en escribir sobre la vida laboral y las tendencias en el mundo de la gestión, y parece que llevo mucho tiempo escribiendo sobre los valores de esa época.
A principios de la década de los 60, un grupo de estudiantes estadounidenses radicales se unieron y diseñaron un proyecto sobre cómo pensaban ellos que deberÃa ser el mundo. La célebre declaración de Port Huron demandaba un trabajo que fuera "educativo, y no embrutecedor; creativo, y no mecánico; veraz, y no manipulado, de forma que estimulase la independencia… la voluntad a aceptar la responsabilidad social".
Estas ideas se han consagrado ya en el ideal de clima laboral que predican las escuelas de negocios. Responsabilidad, creatividad, trabajo en equipo, aprendizaje continuo, valores y visiones: todas estas ideas tienen su raÃz en los años 60. Los estudiantes las superaron. Las empresas nunca lo han hecho. Algunas de estas ideas se han convertido en algo bueno en los lugares de trabajo, otras no tanto.
El equivalente empresarial del amor libre es el salto laboral, que consiste en que los empleados pueden acostarse con cualquier jefe maduro y si no funciona, pueden plantarles y seguir adelante. Con moderación, es bueno; en exceso, resulta caro para los jefes y desestabilizador para los empleados.
Lo que caracterizó por encima de todo la década de los noventa fue la gente que pretendÃa ser lo más cuando en realidad era bastante sosa. "Guay, tÃo", y "sé libre", solÃan decir. Lo mismo es aplicable en la actualidad a la mayorÃa de los ejecutivos corporativos. Usan un lenguaje infectado con el espÃritu de los años 60 porque creen que suena bien, no porque quieran.
Mi ejemplo favorito es el del gestor de JP Morgan que ordenó a los banqueros de inversión "dedicar hoy un rato a llamar a un cliente y comentarle cuánto le aprecias". La paz y el amor demostraron ser una máxima poco fiable incluso cuando se aplicaba a estudiantes. Aplicada a banqueros pierde toda su credibilidad.
Menos extremo -aunque más revelador- fue el correo electrónico que me enviaron la semana pasada y que habÃa escrito Devin Wenig, el nuevo consejero delegado de la división de mercados de la nueva fusión Thomson Reuters. Considero este mensaje el ejemplo perfecto del memorando profesional estándar que gustan de escribir los ejecutivos con éxito.
También es un hÃbrido extraordinario: jerga corporativa recubierta de palabrerÃa hippiede los 60. El resultado es repulsivo. El objetivo del memorando era el de tranquilizar a los clientes y asegurarles que la mayorÃa de los servicios previos a la fusión seguirán disponibles después de la fusión; que la compañÃa está interesada en sus opiniones; que intentará mejorar su servicio.
Simple palabrerÃa. El memorando termina asÃ: "Nos encontramos al principio de un emocionante viaje, y deseo compartirlo con ustedes". En los 60, la gente compartÃa una horrible cantidad cosas (porros, novias, etc) y se iban juntos a excursiones. Pero al menos no lo veÃan con desaprobación.
"Nada es real, no hay nada de lo que preocuparse…", cantaban los Beatles. Pero ese es el problema, y esa es la razón de que el espÃritu de los 60 desentone en el trabajo. El mundo de los negocios es real, y hay mucho de lo que preocuparse.