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22-04-2008

La "inflación" ganadora

El secreto para tener contentos a todos consiste en cambiar de personalidad.

Lucy Kellaway / Financial Times.

La semana pasada un lector me envió un correo electrónico indicando un error en mi última columna. Los blogs y los posts, explicaba, no son lo mismo. Un blog se refiere a todo el conjunto de mensajes; un post es una entrada en un blog. Le respondí: está bien, tú ganas.

Pocos segundos después me escribió de nuevo, indicando esta vez un error en mi respuesta. No se trataba de un juego en el que uno gana y el otro pierde, me explicó. Ambos salíamos ganando: él ganaba al tener la razón y yo lo hacía al aprender a no volver confundir nunca un blog con un post.

Espero que estuviera bromeando, pero es difícil de saber, con todas las tonterías que dice la gente sobre las victorias. La propia frase "ambos salimos ganando" basta para ponerle a una los pelos de punta. No es sólo que sea una ñoñería, sino que resulta sospechoso: la idea de un ganador supone que existe un perdedor.

Si todos ganan, entonces no se trata de una competición, es una reunión de moralistas. En los negocios, los recursos son escasos, y el objetivo es el de conseguir más que tus rivales. A veces ganas; otras no. En ocasiones son muchos los que ganan; aunque como el mundo de los negocios es tan competitivo, es más frecuente que sean muchos los que pierden.

En el fiasco de la Terminal 5, casi todos perdieron: pasajeros, accionistas, personal y, en particular, los dos títeres del consejo de British Airways despedidos la semana pasada. Los únicos que pudieron salir ganando fueron aquellos que, como yo, nunca vuelan a ningún sitio.

Me encontré por primera vez con la idea de que todos ganan aplicada a la gestión hace 20 años en el libro de Steven Covey Seven Habits of Highly Successful People (Siete hábitos de la gente con mucho éxito). El cuarto hábito era "piensa que todos salen ganando", y en aquella época me resultó bastante poco fiable, pero desde entonces la inflación "ganadora" se ha impuesto y la doble victoria de Covey parece casi razonable.

El último Harvard Business Review anima a sus lectores a adoptar una nueva estrategia de liderazgo que aporte una cuádruple victoria. Explica que la intención de un "líder total" es la de alcanzar victorias de forma simultánea en cuatro áreas de su vida: el trabajo, el hogar, la comunidad y uno mismo (definido como un batiburrillo compuesto de mente, cuerpo y espíritu).

El artículo pone el ejemplo de un gestor que no está en forma y que corre una maratón. Esto le proporciona un aumento de la musculatura de las piernas, lo que supone así una victoria para el "sí mismo". También representa una victoria para su trabajo, ya que entrena con su jefe -por lo que es de suponer que escalará puestos mientras corre-.

La comunidad se beneficia del dinero que recauda, y su compañera embarazada está felíz porque considera ingenuamente que su buena forma física le convertirá en un mejor padre. ¡Listo!, una cuádruple victoria. Bueno, tal vez; me sentiría inclinada a contar otra versión de la historia.

La maratón podría dañar sus rodillas de por vida, convertirle en un pesado para sus amigos, un pelota para sus colegas y hacer que su mujer sienta resentimiento por sus prolongadas ausencias. La estrategia de cuádruple victoria no es una simple sensiblería infantil, es absolutamente engañosa.

Las cuatro esferas de nuestra vida están con frecuencia en conflicto, porque el propio tiempo es un recurso escaso. Cualquier cosa que se haga implica que se está dejando de hacer otra. El artículo sugiere que el líder debería consultar a los interesados (hijos, amigos, colegas y jefes) para averiguar qué desean, y encontrar la estrategia de cuádruple victoria.

Pero yo ya sé lo que mis interesados quieren de mí. Quieren atención, comidas, conversación, buenas columnas, asistencia a las reuniones del consejo, etc. Sus necesidades no son complementarias. El secreto para conservar la cordura y para tener contentos a algunos interesados parte del tiempo, consiste en ser muchas personas distintas, y cambiar de personalidad según la situación lo requiera.

Cuando escribo, el área del trabajo gana, mientras que el área de mi familia y amigos pierde. Saber esto es importante. Los perdedores hacen que una se sienta culpable, y la culpa es una emoción útil para restablecer el equilibrio.