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16-04-2008

El test de la niñera

Las empresas deberían consultar a las niñeras cuando contraten un gestor.

Lucy Kellaway / Financial Times.

Rob Lowe y su esposa Sheril han tenido mala suerte últimamente con sus niñeras. El actor, que interpretó el papel de Sam Seaborn en la serie El ala oeste de la Casa Blanca, acaba de demandar a dos antiguas niñeras, acusándolas respectivamente de difundir "mentiras malintencionadas" y de chantaje.

Lowe demandó el pasado fin de semana en un singular blog de una página web, que una de sus niñeras le había reclamado 1,5 millones de dólares (951.000 euros) -amenazándole con publicar "una maliciosa y detallada lista de terribles falacias"-. Esto plantea todo tipo de preguntas, en especial, cómo puede una lista detallada ser maliciosa y qué podrían ser las "terribles falacias".

Sean lo que sean, sin embargo, no hay nada reconfortante en ellas. Si una niñera divulga falsas falacias se la puede denunciar y, con suerte, ganar. Lo que resulta más alarmante es la larga lista de falsedades ciertas que las niñeras conocen. Ningún hombre es un héroe para su servicio; y no existe mujer que sea una heroína para la niñera de sus hijos.

Las estrellas intentan protegerse contra verdades fatales haciendo que sus niñeras firmen acuerdos de confidencialidad. Madonna, Cherie Blair y los Beckham, todos han tomado medidas para silenciar a las niñeras que amenazaban con destapar la manta de sus vidas privadas.

Pero para el resto de nosotros, las niñeras disponen de mucha información que tiene un alto precio potencial si no para los medios de comunicación, sí para nuestros jefes. Las personas de las empresas al cargo de las contrataciones parecen estar muy poco al tanto de ello.

Si fuera a escoger a una persona para un cargo de gestión, me olvidaría de todos las pruebas psicológicas y referencias que revelan tan poco, y acudiría al "test de la niñera" en su lugar. Sólo hay un problema, no funciona con personas que no tienen niñeras o con hombres que lo dejan todo en manos de sus mujeres. Por lo demás es perfecto.

Delegar en una niñera
Controlar a una niñera es un caso extremo de gestión. Hay demasiado en juego: dejar que otra persona cuide de nuestros hijos es el mayor acto de delegación que efectúa cualquiera de nosotros. Hay que encontrar a alguien bueno, hay que convencerles para que se queden, y hay que hacer que estén felices.

Esto no resulta sencillo en un trabajo con sueldos bajos, que no presenta posibilidades de ascenso y que implica limpiar muchos culetes. Cualquier candidato que haya empleado a una sucesión de niñeras suspende rotundamente mi test y debería ser rechazado para cualquier cargo de gestión. O juzgan mal a las personas o no saben motivar. Nadie quiere en su compañía a ninguno de estos dos tipos de gestor.

De igual modo, los candidatos que obliguen a sus niñeras a rellenar hojas en las que especifiquen lo que hicieron los niños en cada momento del día y cuánto puré de aguacate comieron deberían ser rechazados. Los gestores escrupulosos son unos pésimos líderes. En cambio, aquellos que superan el test de la niñera son los que hacen que éstas se sientan felices durante mucho tiempo.

Hace poco, un amiga me llamó por teléfono para contarme que acababa de comprar un perro para dar a su niñera algo de lo que cuidar cuando los niños estaban en la escuela. Me explicó que el perro se había comido el abrigo de piel favorito de mi amiga y que defecaba en el suelo; pero aseguró que no la importaba mucho. La niñera estaba contenta y, por lo tanto, merecía la pena.

El test de la niñera demuestra que mi amiga es una mujer que encuentra soluciones imaginativas a los problemas, que tiene claras las prioridades y que sabe transigir. Yo le ofrecería un cargo de gestión con el doble de sueldo, pero ya ocupa uno. Como creadora de este test, hice de conejillo de indias y llamé a mi antigua niñera, que había permanecido con nosotros 15 años.

Me comentó que mi casa había sido un caos total y que creía que sólo se había quedado con nosotros por mi absoluta falta de implicación. Comprendí que estaba en lo cierto. En unos segundos mi test de liderazgo me había demostrado que no sólo soy mala en la pequeña gestión, también lo soy en la gestión más amplia. El test de la niñera demuestra que no soy una buena gestora y que debería ser rechazada si me postulase para ese cargo.