

02-04-2008
La jerga empresarial abunda de fórmulas educadas imprecisas.
Lucy Kellaway / Financial Times.
Mientras los mercados financieros se desmoronan y los bancos se colapsan, la respuesta natural de las personas en puestos de autoridad es la de decir tonterías. Hace dos semanas, Bear Stearns negó categóricamente que se enfrentase a una crisis de liquidez. Poco después, JPMorgan tenía que sacarle de apuros. Entretanto, políticos y bancos centrales se enredaban en nudos verbales intentando enviar un mensaje de calma: Hank Paulson acuñó un nuevo nombre -downclimb (descenso)- para evitar mencionar la palabra recesión. Este tipo de lenguaje es, desde luego, una paparruchada comprensible. Se trata de reforzar la confianza. No se puede decir lo mismo de otras clases de tonterías empresariales. Inspirada por Paulson y compañía, me he esforzado por realizar un análisis de paparruchadas en el lenguaje empresarial, escogiendo frases que significan justo lo contrario de lo que pretenden. Estas frases se dividen en siete categorías distintas de tonterías.
La primera categoría es la de las Tonterías Útiles. Las paparruchadas que se usan para reforzar los mercados pertenecen a este grupo. Esta categoría también se emplea cuando se despide a gente importante de empleos importantes. La semana pasada, me encontré con el siguiente anuncio estúpido de una importante institución británica. "Lamento anunciar que el señor X abandonará la institución Y a finales de abril de mutuo acuerdo. El señor X ha sido un colega excepcional que ha aportado mucho a la organización. Estoy seguro de que, al igual que yo mismo, le desearán lo mejor en el futuro". Hay varias secciones ridículas en este anuncio. "Lamento" quiere decir que se siente aliviado. "De mutuo acuerdo" significa que se le despide, pero se llegado al acuerdo de que ninguno hablará con la prensa. Hay muchas paparruchadas en estas frases, pero son buenas. La gente a la que se ha despedido no necesita la humillación adicional de una despedida violenta.
Una segunda categoría es la de Tonterías Educadas. El inglés está lleno de ellas y lo hacen muy agradable. "Lo tendré en cuenta" es una forma educada de decir que se va a ignorar por completo. Preguntar: "¿en qué estabas pensando?" es más agradable que: "¿estabas drogado cuando se te ocurrió una idea tan descabellada?"
La tercera categoría es la de las Paparruchadas Poco Sinceras. Va un poco por delante de las Tonterías Educadas y pone de los nervios. "Con todo respeto" resulta insultante, porque la falta de respeto de lo que viene a continuación daña sin piedad.
Aún peores son las Tonterías que Crean Falsas Expectativas. "Volveré a ponerme en contacto con usted sobre ello" significa que se quiere olvidar de ello por completo.
Las siguientes son las Paparruchadas Engañosas. Las compañías confían en este tipo de lenguaje cuando anuncian los resultados. Las dos palabras más reveladoras en este caso son “reto”, que implica un obstáculo insalvable, y consolidación -como en "2008 será un año de consolidación"- que significa que se van a obtener malos resultados el año siguiente.
Descendiendo por la escala de ofensa nos encontramos con las Tonterías que Inspiran Cinismo. Esta es la clase de estupidez empresarial más popular y corrosiva. Nunca se acaban. "Nuestra plantilla es nuestro activo más valioso". "Su opinión es importante para nosotros". "El cliente siempre tiene la razón". Todas se pueden entender como: lo decimos porque nos gusta como suena.
Finalmente, y las más peligrosas de todas, son las Tonterías Que Plantean Problemas Para El Futuro. Un ejemplo de ellas son los halagos. Un jefe dice tonterías a los empleados con bajo rendimiento porque resulta más sencillo. Les dice que sus resultados han sido "satisfactorios" y, cuando les despide a continuación, se muestra sorprendido de que sus abogados no parezcan entender que "satisfactorio" quería decir poco satisfactorio.