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25-03-2008

El arte de los garabatos

Los garabatos son muy útiles para las largas conversaciones telefónicas.

Lucy Kellaway / Financial Times.

Yo dibujo cajas en tres dimensiones y añado un pequeño círculo en cada esquina. Mi marido dibuja flechas. Primero una línea, y después una cabeza triangular en un extremo seguida de otra similar en el opuesto. Estos garabatos siempre me han resultado más perturbadores que mis cubos, que son extraños sólo porque parecen proceder de la nada.

Por lo demás son perfectamente razonables. En cambio, sus flechas no lo son: el propósito de la flechas es el de señalar el camino, por lo que apuntar en dos direcciones a un mismo tiempo no tiene ningún sentido. Mi repentino interés en los garabatos lo ha despertado un pequeño folleto con el título de Le Cahier de Gribouillage pour Les Adultes qui S’ennuient au Bureau, que vende cientos de miles de ejemplares a los aburridos trabajadores franceses.

La versión inglesa, The Doodle Notebook: How to Waste Time at Work(El cuaderno de los garabatos: como malgastar el tiempo en el trabajo), está a punto de ver la luz en Reino Unido. Dudo mucho que se ponga de moda. Lejos de decirnos algo sobre el dibujo de garabatos, nos explica que el enfoque de los franceses hacia el trabajo es infantil y que muestran gusto por las fantasías con veleidades artísticas.

En el interior, hay bonitos dibujos y sugerencias sobre qué hacer con ellos. En tu opinión, dice: "¿Quién tiene la boca más grande de la oficina? Dibújalos y tapa su boca con esparadrapo". Esto es poco divertido y desacertado. Para empezar, los garabatos no son realmente un acto de rebeldía, al menos ya no.

Si se quiere ser rebelde, lo que se hace es escribir un apasionado blog en el trabajo, conseguir que te echen, cerrar un acuerdo para escribir un libro o ganar un juicio por despido improcedente y convertirse en una celebridad nacional. También es equivocado considerar que los garabatos son algo que se hace cuando se está aburrido.

En realidad es algo que hacemos cuando nos vemos atrapados y obligados a escuchar a otra persona. Como esto abunda en el trabajo, hay mucho espacio para el garabateo. La semana pasada busqué garabatos en Google (lo que supuso una doble pérdida de tiempo). Encontré a una experta en garabatos llamada Diane Simpson, que me comentó que los garabatos no son de ningún modo un dibujo.

Son una mezcla entre un movimiento nervioso y una fantasía, y pueden decirnos algo sobre nosotros mismos. Explicaba que los garabatos de Rockefeller consistían en una serie de cajas apiladas unas sobre otras -lo que implicaba un pensamiento lógico constructivo-.

Los de Bill Gates, en cambio, eran una serie de cajas inconexas -señal de un proceso mental más desordenado e imprevisto-.La semana pasada caminé por la oficina buscando garabatos. En una mañana había recogido más ejemplos de flechas, cajas, flores y corazones de los que podía procesar. El primer hallazgo fue bastante relevante.

La división entre hombres y mujeres a la hora de dibujar garabatos es profunda y apenas muestra excepciones. Los hombres dibujan líneas y cajas, mientras que las mujeres estampan flores, rostros y pestañas. Una compañera especialmente severa y analítica tiene cuadernos salpicados con dibujos de trajes de baño. Sin embargo, no todas las mujeres eran cursis.

Una de ellas creaba oscuros y sucios garabatos tan profundos que el bolígrafo casi atravesaba la hoja. No necesitaba a un experto para saber que esta actitud era preocupante. Los varones de mi muestra evitaban los garabatos figurativos. Tan sólo dos dieron forma a algo reconocible -uno convertía sus cajas en coches añadiendo ruedas en la parte inferior-.

El otro había desarrollado un motivo que se asemejaba a jeringuillas. Si fuera ellos, me habría guardado mis cuadernos. ¿Qué hay de mis cajas en 3D? La experta me explicó que indicaban que soy una persona reservada que lucha por ser más transparente pero que intenta no serlo, lo que resulta un poco confuso.

Con respecto a las flechas de mi marido, señalan falta de convicción e indecisión, que es justo lo que yo temía. De mi propio estudio extraería un tipo de persona reacia a los garabatos que me preocupa: aquellos tan obsesionados con el orden que no garabatean por miedo a ensuciar los cuadernos.