

05-02-2008
La calidez humana es tan poco común que, cuando la encontramos, nos conmueve.
Lucy Kellaway / Financial Times.
Dejadme que os cuente mis dos últimas experiencias comerciales. La primera tiene que ver con unos botines de ante muy usados. La segunda, con un gloss (brillo de labios) que se llama Nude Lips. El caso de los botines me ha causado una impresión tan fuerte que ya se la he contado a ocho personas.
Lejos de cansarme, siento la necesidad de repetir la anécdota una y otra vez e intentar comprender por qué es tan conmovedora. El sábado llevé los botines al zapatero que hay al final de nuestra calle. El establecimiento es muy ruidoso –ya que también hacen copias de llaves– y tiene un mostrador sobre el que se amontonan los zapatos de otros clientes.
Un hombre mayor con delantal sucio miró mis botas con cierto interés. Los habÃa fabricado la diseñadora de zapatos de moda Emma Hope pero, pese a su desorbitado precio, está claro que no están hechos para el uso diario y a los pocos meses estaban destrozados. ¿Tienen arreglo?, le pregunté. Me respondió que sÃ. Volvà dos veces a por ellos pero no los habÃa terminado. Se deshizo en disculpas y me llamó "querida", algo que siempre me ha gustado.
En la tercera visita, los zapatos ya estaban arreglados. Las nuevas suelas de piel eran perfectas. El ante, ya deteriorado, estaba suave. El arreglo me costó 23,90 libras (31,75 euros). Encantada con el resultado, le dije que habÃa hecho un trabajo increÃble. Mostró la brusquedad tÃpica de los hombres tÃmidos cuando están satisfechos y ordenó a su empleado que no me cobrara el betún negro que estaba comprando. La experiencia me produjo una extraña sensación de placer.
En realidad, me sentÃa tan animada que, cuando llegué a casa, reunà todos los zapatos negros que tenemos, muchos de los cuales no saben lo que es el betún, y los limpié. Esta mañana me detuve de camino al trabajo en Space NK, una tienda de maquillaje caro. Una educada empleada me preguntó en qué podÃa ayudarme. Le expliqué que querÃa una barra de labios natural y permaneció pacientemente de pie mientras probaba Baby Lips, Sexy Lips y Nude Lips en el dorso de mi mano.
Envolvió elegantemente la barra de labios que escogà y me dio no uno, sino cuatro regalos, incluido un sobrecito de Nude Age Defence Moisturiser. Al marcharme, no sentà ninguna sensación de bienestar, sólo la impresión de que era la primera tarea del dÃa. ¿Cuál es la diferencia entre estas dos experiencias de consumo?, me pregunté. ¿Por qué sentà ese afecto por el zapatero de delantal sucio mientras que la joven empleada me dejó indiferente?
En primer lugar porque, como consumidora, soy una consentida y estoy cansada. Una tienda de lujo inmaculada resulta agradable la primera vez, pero después esa sensación desaparece. En cambio, llevar algo para que te lo arreglen se ha convertido en algo distinto, un regreso nostálgico a mi infancia.
Cuando era pequeña, todo se arreglaba. Teteras, relojes, ropa, televisores. Los cuchillos se afilaban y los sofás se tapizaban de nuevo. Incluso se zurcÃan los calcetines -mi madre usaba un huevo de madera-. Ahora, los zapatos son lo único que nos molestamos en arreglar, y la satisfacción de poder volver a usarlos es más reconfortante que su compra.
Otro motivo que me enternece es la extraña experiencia de hablar con una persona decente que dirija su propio comercio. Después de cuatro visitas, sentà que este hombre conocÃa bien su oficio y se preocupaba por mis botines. Probablemente el zapatero nunca haya oÃdo expresiones como "satisfacción del cliente", y mucho menos "pasión en el trabajo" pero la calidez humana es tan poco común hoy en dÃa que, cuando la encontramos, nos alegra el dÃa.
Sospecho que hay algo en la naturaleza de las grandes cadenas que la elimina. La joven de Space NK estaba bien preparada y seguÃa las instrucciones al pie de la letra. Y sin embargo, su metódica actitud transmitÃa una sensación de frialdad. No hay nada de especial en recibir unas muestras de regalo, sino en alguien que hace su trabajo con profesionalidad, y a veces te regala una sonrisa natural junto a un frasquito de betún.