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08-01-2005

Santiago Ãlvarez de Mon
Profesor Ordinario del IESE.

Carta de un directivo a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos: Navidad es tiempo para soñar. Envuelto en la ingenuidad e inocencia de mis hijos, he dejado correr mi imaginación. Esta carta es producto de ella. Versa sobre mis ilusiones, mi trabajo, mi empresa, mi vida. Ahí van mis peticiones:

Que el talento sea el criterio preferente para asignar tareas, que el nepotismo y el politiqueo sean erradicados en mi empresa. Que no confundamos el trabajo en equipo con la reunitis, con una inflación de comités; es una pandemia insoportable. Que se instale entre nosotros una mentalidad de abundancia y cooperación, que haya armonía interna para hacer frente a la competencia externa. Que, en lugar de obsesionarnos con indicadores económicos, nuestra energía se movilice al servicio de un proyecto noble y merecedor del espíritu humano. Aquellos llegarán por añadidura.

Que tengamos el carácter para ser nosotros mismos, que nuestra cultura sea propia y original. Que respetuosos de nuestra tradición y costumbres, clausuremos el pasado que nos lastra en una nostalgia asustadiza. Que nos demos cuenta de que el futuro empieza aquí, ahora, en este presente lleno de encargos. Que fluyamos en el cambio porque nos asiste la estabilidad y sentimiento de pertenencia. Que el error no sea proscrito, que haya margen para atravesarlo y extraer sus lecciones. Que nos acerquemos al ideal filosófico –sé que no sé nada– preguntando y escuchando.

Que mis jefes no se obsesionen con motivarme, de eso me encargo yo. Que se limiten a diseñar un ambiente profesional grato, desafiante, justo y libre. Que no se confunda horas de presencia física con tiempo de calidad, recurso carísimo en esta sociedad dispersa. Que las fronteras ocio-negocio, por mor de un trabajo estimulante, se diluyan progresivamente.

Que el paradigma del deber y la seriedad le guiñe un ojo al placer, a la diversión, ¡qué serias son las empresas! Que sea capaz de administrar las inéditas posibilidades de la sociedad de la información y cruce la frontera a la sociedad del saber. Que otras dimensiones de mi persona –familia, amigos, cultura, deporte...– sean atendidas como merecen.

Que teniendo razones para desesperar y dimitir de nuestra rara condición humana, elijamos una actitud optimista y sorteemos la resbaladiza pendiente del victimismo. Que contribuyamos a una globalización inteligente desde una perspectiva mental y moral cosmopolita. No sobran ciudadanos que hacen del planeta su patria. Que el primer mundo sufra los dolores de los países más pobres, haciendo de la empresa un agente solidario del cambio.

Que tenga la personalidad para manejar soledades, para elegir un no constructivo y leal, contraste independiente de mis síes. Que aprenda a dominar el arte de vivir, clave esencial para doctorarme en el oficio de dirigir. Que mi razón y corazón hagan la paz, base de la credibilidad y persuasión personales.

Que mi mente hiperactiva escuche los recados de mi cuerpo, prematuramente avejentado. Que no me tome mi trabajo tan en serio, que la persona que soy gobierne con mano firme al personaje que represento. Que quien quiera que soy se dé cuenta de que estoy de paso, que aprenda a reírme de mí mismo, la última y gran asignatura que sólo los sabios aprueban con nota. Pensaréis Majestades que me he pasado. Ahora que sólo se habla de derechos, os prometo hacer mis deberes. El resto lo confío en vuestras manos. Hasta el año que viene.