

05-03-2005
Santiago Ãlvarez de Mon
Profesor Ordinario del IESE.
Si algo caracteriza la sociedad de hoy es el culto a la prisa y la inmediatez. Los polÃticos sólo piensan en las próximas elecciones, de ahà la carestÃa de estadistas. Los directivos son evaluados por los resultados del trimestre en curso, el largo plazo les suena a eternidad escapista. Los profesores, teóricos parteros de mentes libres y crÃticas, sucumben en los brazos de estadÃsticas y modas pasajeras. Los medios, sin recabar y contrastar información, vociferan su opinión.
Incluso la familia se ve arrastrada por el Tsunami de la impaciencia y lo perecedero. La dispersión y el ruido se cuelan en reuniones, tertulias y encuentros, destrozando todo vestigio de calidad, hondura, calidez y cercanÃa. Se habla mucho de la sociedad de la información, realidad transida de móviles y ordenadores, pero se retira pesarosa la sociedad del saber. ¿LÃnea divisoria entre ambas? La inteligencia humana que debiera distinguir entre lo esencial y lo accidental, entre cantidad y calidad, entre escasez y abundancia.
Vivir es elegir, y elegir es priorizar. ¿Qué lugar ocupa lo importante en la distribución de su tiempo? ¿Con frecuencia es devorado en las garras de la urgencia? Si es asÃ, ¿piensa que merece tal calificativo o a lo peor es superfluo y negociable?
Captar y sentir la corriente del rÃo humano, atraer y gobernar el talento de mi empresa, conocer y educar a mis hijos, mantener una relación amable conmigo mismo, renovando mi equipaje intelectual, emocional y espiritual, son tareas cruciales que, pese a su naturaleza y jerarquÃa, un dÃa sà y otro también son arrinconadas en la vorágine de dÃas clonados en serie
“¡Cómo se agarra el pasado a los pies del presente para no dejarlo ir sin él al futuro!â€, exclama Juan Ramón Jiménez. ¡Cómo se pierde nuestra cabeza viajera en el pasado, tiempo agotado, o en el futuro, literalmente inexistente! ¡Cuánta gente anclada a la nostalgia del pasado, la cara oculta del miedo al presente! El pasado, baúl repleto de información, tradición y costumbres hay que conocerlo y respetarlo, sólo asà podemos soltarlo y viajar ligeros.
El futuro nos habla de sueños e ideales que nos recuerdan que el planeta es de nuestros hijos, pero la única manera de llegar a la cita que tenemos con él es estrujar y descifrar las claves del presente. Ayer se fue, mañana no ha llegado, tenemos hoy, ¿le parece poco? La gente que llega lejos y vuela alto da pasos firmes, humildes, silenciosos y perseverantes, aquà y ahora. Es el liderazgo asentado sobre cuestiones importantes que se viven con intensidad y energÃa.
¿Por qué, siendo el presente el único tiempo dócil y manejable, es permanentemente circunvalado? ¿Será porque está colmado de tareas y encargos? Si lográramos atarnos a él, fijando la atención en su administración y gozo, la serenidad interior se harÃa un hueco en nuestro desorientado deambular. Advierte Séneca: "¡Ten cuidado, no confundas vivir con perdurar! ¿Vivimos la vida o nos pasa por encima arramplando con todo? ¿Saboreamos los minutos o se nos atragantan las horas en una hiperactividad febril?
Si el billete del tiempo sólo es de ida, con él no hay vuelta, ¿por qué dilapidarlo? Una sugerencia: aÃslese y conteste hoy, hágase un hueco en la agenda, dedÃquese un tiempo. Es un trabajo personal de artesanÃa que necesita y merece. Su mente aquietada se lo agradecerá, su corazón bombeará mensajes y susurros que lo mejor será soñar, interpretar y vivir, ya.