

23-06-2006
Santiago Ãlvarez de Mon
Profesor Ordinario del IESE.
La cita mundialista invita a repasar algunas claves de un equipo campeón. Por encima de intereses personales, todos sus miembros reman en la misma dirección en pos de un objetivo común. Las funciones de los distintos profesionales –jugadores, fisioterapeuta, médico, preparador fÃsico– están claramente asignadas.
¿Misión del presidente?, gobernar la institución y representarla ante la sociedad, sin caer en forofo intervencionista. ¿Papel del entrenador?, colocar a cada jugador en aquel puesto donde su talento explote, mientras mantiene un ambiente de exigencia y armonÃa. Malo si compite con ellos en protagonismo y visibilidad, y peor si no se respeta a sà mismo y le hacen la alineación.
A los jugadores estrella –son los que marcan las diferencias– les exige como a uno más. Guiados por una mentalidad de superación y servicio, sudan la camiseta y hacen crecer a sus compañeros. La oxigenación de la plantilla es función crucial. Nuevos jugadores se suben e integran, y otros han de apearse. La inevitable retirada se le atraganta a muchos. ¡Que no se quejen si visitan el banquillo!
Una visión amplia del reto emprendido no admite facciones ni camarillas cerradas. Punto delicado en la empresa, equipo de equipos. ¡Cuántos directivos funcionales no ven más allá de su área, carentes de una visión transversal! La información es un patrimonio común que se administra con discreción, lealtad y prudencia.
Un exceso de conflicto es corrosivo, pero su ausencia revela anemia, inseguridad o desconfianza. Connatural a gente dispar, se maneja con franqueza, tacto y oportunidad. Existe un proceso riguroso de trabajo que no deja nada al azar. La disciplina no es una cárcel asfixiante, sino una partera recia y anónima de la creatividad.
El ambiente es de trabajo, confianza, paciencia y libertad, sólo en esos pastos la planificación propicia la magia. La responsabilidad se asume a tÃtulo personal, para luego compartirla solidariamente. El equipo es una realidad global que habla un lenguaje universal, no hay barreras de color, raza, polÃtica o religión.
El carácter para crecerse en la adversidad y estirarse en la frontera fÃsica y mental arropa a un talento que, solo, es impotente. Llega el momento de la verdad. Hemos ensayado, repasado todos los detalles, ahora toca jugar. Si la mente sigue haciendo de juez implacable, los músculos se contraen. Rusell decÃa que "pensamos demasiado y sentimos demasiado poco".
Más de un equipo pierde porque piensa en exceso y disfruta poco. En la lógica de la mente, la presión exterior es insoportable. En la inconsciencia lúdica y descarada se trasciende y transforma en poder. El equipo constituye un feliz encuentro de emociones y sentimientos nobles que requieren lo mejor de cada profesional.
Esta actitud y filosofÃa de trabajo permite perder con dignidad y ganar con humildad, sabedores de que el auténtico partido se libra en otra cancha interior, llamada yo, mucho más intimista y desafiante. Si el talento se expresa, si la voluntad y el coraje se movilizan, si el corazón bombea energÃa y el alma se ensancha, ¡ya hemos triunfado! "Aspira a lo absoluto si en lo relativo quieres progresar", escribió Unamuno.
Una sociedad domesticada e inculta necesita referentes pedagógicos ejemplares. Ganar el campeonato es una meta legÃtima, pero la causa final es más noble y ambiciosa. Se trata de realizar un sueño maravilloso, ser la expresión amable de valores edificantes, ser embajadores de otra forma de trabajar y vivir.