

09-02-2008
Santiago Álvarez de Mon
Profesor ordinario del IESE

Al abordar el fenómeno de la diversidad, incluso aquellas empresas movidas por intenciones loables están cometiendo errores de bulto. Escribe el profesor Thomas: "Los lideres del futuro diferenciarán entre representación y diversidad. La representación se referirá a la presencia de múltiples razas y de los dos géneros en el lugar de trabajo, mientras que la diversidad se referirá a las diferencias, semejanzas y tensiones que pueden existir y existen entre los elementos de estas mezclas diferentes de gente".
¿Cuál es el enfoque predominante? Siendo optimista, pensando en las organizaciones más avanzadas, estamos en el paradigma de la mera representación, sin haber profundizado y entendido la esencia de la diversidad. Como en política, algunos directivos cada vez que se topan con una mujer, una persona de color, un extranjero, alguien "exótico", ven un "voto", una cuota, un lifting publicitario para mejorar nuestra imagen y ganarnos la simpatía de una sociedad inquieta. La diversidad es como un corsé que se nos impone, un mal inevitable, y aunque nos resta aire y naturalidad, sonreímos de cara a la galería. Frente a escuela de pensamiento tan rácana, la diversidad se alza como nuestro hábitat natural, es el paisaje multicolor por el que discurre nuestro viaje. Si los peces no se cuestionan el mar, ¿por qué no abrazamos nuestra diversa condición humana y aprendemos a convivir?
Nos ayudaría pensar y charlar sobre nuestra auténtica identidad. Según cómo conteste a la pregunta, "¿quién soy?", viviré la diversidad con determinación o con aprensión. Una visión estrecha y endogámica de mi identidad entorpece gravemente una gestión lúcida y esperanzadora de la diversidad. Amartya Sen viene consagrando al asunto sus mejores esfuerzos. "El sentido de identidad puede excluir, de modo inflexible, a mucha gente mientras abraza cálidamente a otra". La persona diferente es un tipo raro, no es de los nuestros, y la inquietud de su presencia la ahogo al calor de los míos. "La desgracia de la exclusión puede ir de la mano del don de la inclusión".
¿Remedio frente a virus tan extendido?, sencillamente, una concepción rica, vasta y diversa de nuestra identidad. "Las identidades son plurales. La jerarquía de una identidad no debe borrar necesariamente la importancia de las demás", se reafirma Sen. Saberse mezcla es el mejor antídoto para una visión elitista y excluyente. Geografía, sexo, color, nacionalidad, residencia, profesión, familia, tendencias culturales, pasiones deportivas, creencias religiosas, pertenencias sociales, ideas políticas… Según su diversa ponderación, conforman una personalidad poliédrica y abierta al aprendizaje. De ahí que identidad, diversidad, globalización y educación formen un cuarteto inseparable. Si me reconozco una persona plural, síntesis feliz de múltiples identidades, puedo gestionar la diversidad exterior. Así entendida, descubrimos su otro rostro: se llama unidad. Desde la desafiante diversidad, nos sabemos miembros de la doliente familia humana, y al servicio de la misma desplegamos nuestro talento y energía. En esa filosofía, diseñar políticas y procesos que erradiquen injusticias e indignidades es algo que fluye por su propio peso.