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09-07-2007

Santiago Ãlvarez de Mon
Profesor ordinario del IESE.

La mala educación

Fin de curso académico, mi vena docente me obliga a escribir sobre educación. Me inspiro en el testimonio de Helen Keller, ciega y sordomuda. Habla de su maestra, Anne Sullivan: "Ella era la puerta por la que pasé desde la oscuridad a la luz, de la soledad a la amistad, al conocimiento y al amor". ¿Qué encontró en su admirada profesora? Exigencia y ternura, las dos palancas de una buena educación. Sin ternura la exigencia se torna implacable, sin exigencia la ternura deriva hacia la ñoñería.

Con estas dos pedazo de señoras como guía, ¿balance general del año transcurrido? No merecemos ni un aprobado raspado. Si procedo de la infancia hacia la madurez, ya en la familia se muestran las primeras fisuras. Pendientes de que nos concilie la sociedad, seremos irresponsables, transmitimos a los pequeños nuestros agobios e impaciencias. ¿Bachillerato?, delicado panorama. Poca confianza puede suscitar una filosofía que confunde disciplina, rigor y esfuerzo con represión y totalitarismo.

No creo mucho en un país en el que la autoridad del profesor se resiente, en el que los compañeros más débiles son objeto de mofa y escarnio, en el que el verbo suspender casi es retirado de la circulación. Su antónimo, aprobar, pierde valor y prestigio sin su amenazante presencia. ¿Universidad?, masificada, endogámica y acomodada. Mientras se habla de Bolonia, claustros de profesores se atrincheran en sus viejos muros centenarios, ajenos a vientos de cambio y renovación. ¿Primeras víctimas? Los maestros que aman su profesión-vocación, y los alumnos más hambrientos de saber.

¿Política y ciudadanía?, corramos un tupido velo. Sólo dos apuntes. Primero, sólo un incauto puede pensar que las urnas del futuro le serán favorables si ha perdido irreversiblemente las aulas del presente. ¡Insensato! Dos, con un sistema educativo sometido continuamente al trasiego partidista, troceado en diecisiete modelos diferentes, ¿está lista una nación para el competitivo certamen internacional? ¿No huele a claudicación delegar el mundo de las ideas, del pensamiento crítico, de la cultura?

Manipulados e incultos, llegamos a la empresa, institución donde pasamos una buena porción de nuestra vigilia mental. ¿Estado de la cuestión? Aunque sólo sea porque no se puede permitir el lujo de echarse una siesta, está más espabilada y atenta. Sin embargo, le sobran slogans, modas y títulos rimbombantes, y le falta voluntad, determinación y personalidad para prepararse a conciencia. En general, aquejada del mismo virus de lo inmediato y fácil, abundan los juegos florales, el power point y los libros de bolsillo. Cocineros frustrados, buscamos recetas milagrosas, y la realidad nos devuelve preguntas inquietantes.

¿Qué se echa de menos? La explosión de un talento que permanece adormilado pendiente del despertador, y un carácter íntegro asentado sobre valores edificantes. ¡Malo cuando la mentira, la mediocridad, el resentimiento, la injusticia y la violencia campan a sus anchas en un mar de permisividad e indiferencia! Tics de un país nuevo rico y mal criado que administra mal su abundancia.

Es mi última columna antes del descanso estival. A modo de despedida recupero mi optimismo releyendo la famosa metáfora de la caverna de Sócrates, tan querida por Keller: "Educar es el movimiento desde la oscuridad hacia la luz". Veremos la luz si nos damos cuenta de que estamos en tinieblas, si tenemos el valor de caminar en la oscuridad hacia la libertad y la sabiduría. Ãnimo y adelante. Son muchos los padres, maestros, ciudadanos, profesionales, que quieren ver amanecer y disfrutar el día.

Blog de Santiago Ãlvarez de Mon