

28-07-2007
Pilar Trucios
Subdirectora de Expansión.

Esta semana he conocido a gente sorprendente. Pasé horas charlando con Erin y David, una pareja australiana joven y entrañable que decidió interrumpir su carrera profesional para conocer mundo. Ella trabaja en el Ministerio de Defensa de su paÃs y él como técnico de aviones en el Ejército. Tras su paso por Valencia, donde vivieron como huéspedes de una amable señora que les acogió en su casa; por Balaguer, donde subsistieron gracias a la ayuda que le proporcionaron a un granjero a cambio de alojamiento y comida; y Madrid, donde enseñaban inglés por el mismo motivo, seguirán rumbo a Europa con sus ahorros, una guitarra acústica y su permanente sonrisa.
También conocà a otros matrimonios: Peter y Leah, procedentes de Nueva Zelanda, y Carlo y Sue, también australianos. Tras su jubilación, ninguno ha querido perderse los lugares del mundo que le quedan por visitar. Los primeros han viajado en el Transiberiano y los segundos recorren Europa en tándem. Lo que tienen en común estas tres parejas con otras que conocà en un curso intensivo de inglés (Fred, Lisa, Brett, Sean o Fai) es su afán por conocer otras culturas, lenguas, costumbres... y participar de ellas.
Hablamos de múltiples tópicos, en especial, de la forma de vida y trabajo en los distintos paÃses. Por supuesto, la mayorÃa, ya entrados en años, diferÃan bastante de la media española: habÃan cambiado hasta siete veces de casa, cinco o seis de trabajo y ciudad, mantenÃan el mismo coche desde hace quince o veinte años, habÃan disfrutado de un año sabático para disfrutar viajando y algunos empezaban a sumar el español al número de lenguas que ya hablaban.
Me preguntaba si con profesionales asÃ, los españoles podremos competir. Nuestro inglés dista mucho de ser perfecto y en algunos casos, de ser pronunciado; la mayorÃa no ha salido de su ciudad excepto para hacer turismo programado; un 95 por ciento no piensa quitarse la boina y en lugar de convertirse en ciudadano del mundo, se aferra a su ciudad, pueblo e incluso a su zona residencial, cuando en la empresa se habla de movilidad. En cuanto al conocimiento de otras culturas, lo más parecido es una conversación con habitantes de algunas ciudades donde pasamos menos de siete dÃas.
Muchos pensarán que exagero, pero no hay más que echar un vistazo alrededor y contar el número de colegas, amigos y familiares que conocen varios idiomas y culturas, han viajado sin recursos por el mundo y saben realmente geografÃa y costumbres de otros paÃses. Quienes lo hagan, si son buenos profesionales, además de enriquecer su propia vida, jugarán con ventaja cuando decidan encontrar un empleo, dentro y fuera de España, aportarán conocimientos, puntos de vista diferentes y experiencias a los que otros nunca se podrán referir.
Llegada la hora de comenzar la olimpiada laboral europea, es importante pensar en invertir mejor los recursos, dejando a un lado el verbo poseer y dando paso al conocer, al saber y al retener, de manera que la mente se ensanche y aumente la imaginación, la creatividad y la capacidad de resolver problemas con múltiples soluciones.
Quienes han sufrido yendo de aquà para allá, aprendiendo un idioma que era difÃcil de interpretar y buscando recursos donde no existÃan, serán capaces de emplear estas capacidades en la empresa para sacar adelante negocios en un mundo tan competitivo y rápido como el actual.
Hora de quitarse la boina.