Un portal de expansion.com y elmundo.es
Especial Sector Infraestructuras
La cualificación de sus profesionales gana puntos
El crecimiento de la obra civil y la salida a mercados internacionales favorecen al sector.
Icono Publicidad
ENCUESTA
¿Qué motivo elegiría para estudiar un máster?
Mejorar el currículum
Especializarse en un área
Ascender en su empresa
OPINIÓN
Bolonia establece un marco mucho más favorable para que las universidades, en colaboración con las empresas, desarrollen programas de formación dirigidos a profesionales en activo.
ENCUENTRO DIGITAL
21 mayo, 13 h.
Luis Pita
Vicepresidente de márketing, MIT España
Expansion.com
elmundo.es

23-03-2007

José Manuel Casado
Socio de Human Performance de Accenture.

Apropiación de cuello blanco

Drucker y Demming, dos de los más insignes gurús del management, han insistido hasta la saciedad: las únicas cosas por las que debe preocuparse la empresa son innovar y generar valor. Si se cumple este axioma, el resto -resultados, beneficios y éxito- viene solo.

Pero, ocurre en más ocasiones de las deseadas, que los propios sistemas de organización del trabajo, y más concretamente la actuación de ciertos directivos, hacen que muchos trabajadores no deseen aportar las ideas que tienen, porque cuando lo han hecho alguna vez y han comprobado cómo algún jefe tóxico se queda con la autoría de las mismas (sin compartir con ellos los reconocimientos y beneficios,) sienten que se han apropiado de algo que sólo a ellos les corresponde: su idea.

Nuestra legislación es muy clara y considera que la apropiación indebida es un delito contra el patrimonio y la propiedad consistente en el apoderamiento de bienes ajenos, con intención de lucrarse. Es un acto en el que se conjuga el engaño, con el perjuicio y el abuso de confianza, junto al dolo, y establece que existe condena por este comportamiento siempre que el valor de lo apropiado supere los 300,51 euros.

Pero, además, nuestro Código Penal es contundente y sanciona severamente este tipo de delitos dictando que los reos de estafa sean castigados con la pena de prisión de hasta seis años. Seguro que a más de un politiquillo, o incluso a algún mal llamado alcalde, de los que han sido pillados in fraganti con el ladrillo debajo del brazo, esto les suena.

Sin embargo, no sucede lo mismo en la empresa, donde, con "más cara que espalda" y con toda impunidad, algunos jefes se apropian de las ideas de sus colaboradores y les arrebatan la propiedad de las mismas cuando éstas son buenas y les pueden ayudar a continuar ascendiendo y conseguir mayores cotas de poder.

Digo poder y no autoridad, porque el primero lo otorga el puesto y la segunda se merece y se gana a base de honradez, honestidad y coherencia. Esta apropiación o delito de cuello blanco en la empresa no tiene castigo; es más, el sistema es tan perverso que si el colaborador, que tuvo la idea, la dio forma y configuró, reclama el título de lo que legítimamente le pertenece, podría incluso hasta ser perseguido por su propio jefe.

Hay todavía pocos "fiscales empresariales" que le defiendan. Las organizaciones deben fijarse no sólo en lo que hacen bien otras compañías, sino también en lo que hace la sociedad; en este sentido, hace años que recomiendo a las empresas que tengan una especie de ombudsman o defensor del trabajador que vele porque estos delitos de cuello blanco no ocurran. ¡Ah! Pero si lo hace, y quiere que sirva para algo, procure que ese puesto no sea ejercido por uno de sus directivos.

Este delito de cuello blanco -sin víctimas evidentes y difícil de cuantificar; aunque en la mayoría de los casos supera con creces los 300,51 euros-, consistente en la usurpación delictiva del capital intelectual de las personas, quizá tenga que ver con alguna de las tesis que el afamado Steve D. Levitt mantiene en su bestseller, Freakonomics.

Asegura que cuanto más arriba se encuentran los trabajadores, más propensos son a engañar. Ya lo sabe, si quiere que sus colaboradores innoven y creen valor, acabe con los ladrones de cuello blanco o jefes tóxicos que se apropian indebidamente las ideas.