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14-07-2006

José Manuel Casado
Socio de Human Performance de Accenture.

Lecciones de cambio en la Biblia

¿Tiene idea de cuántas empresas están en proceso de cambio? Alrededor de un setenta y cinco por ciento. ¿Sabía que más de un sesenta por ciento de estos proyectos de transformación fracasan? ¿Es consciente de por qué se producen estos terribles fiascos?

Por otra parte, ¿sabía que alrededor del setenta por ciento de los procesos de fusiones no consiguen los resultados esperados? Y, ¿sabe por qué ocurre esto? Ni más ni menos, porque la mayoría de los directivos no tienen en cuenta los principios y leyes básicas que rigen los procesos de cambio y suelen confundir el fin con el medio. El fin es siempre que la gente haga otras cosas o las haga de otra manera; el nuevo diseño organizativo, el nuevo sistema de información o los nuevos procesos de fabricación son sólo el medio.

Independientemente de las connotaciones religiosas que cada lector pueda atribuir, el mejor referente que podemos encontrar y que contiene los principios básicos para el éxito del cambio se encuentra en la Biblia, en el Antiguo Testamento. Me estoy refiriendo, concretamente, al Éxodo, cuando el pueblo hebreo abandona Egipto. ¿Qué enseñanzas aplicadas a la empresa podemos encontrar en este pasaje bíblico?

En primer lugar, se necesita tener cierto dolor –o si lo prefieren malestar– con la situación actual. El pueblo israelita estaba siendo sometido a los más duros de los tratos por parte del Faraón: fueron reducidos a la condición de esclavos, perseguidos y aniquilados sus hijos varones... Estaban sufriendo y comprendían que así no podían seguir.

Es imprescindible una visión sobre dónde se quiere ir con el cambio. Los hebreos poseían una, la Tierra Prometida. No sabían cómo era realmente, pero estaban convencidos de que sería un lugar mejor. Tener una visión sobre el sitio al que se quiere llegar y que ésta sea atractiva es fundamental para que la gente acepte y se comprometa con el cambio.

No se puede hacer un cambio sin un liderazgo visible. Los israelitas tenían a Moisés, un líder totalmente comprometido con el cambio. Después de vivir en Egipto unos 450 años, este pueblo creyó en la fuerza de su líder y de la mano de Moisés cruzó el desierto y el Mar Rojo para encontrar la Tierra Prometida. Le sorprenderá saber que la falta de compromiso de la alta dirección, junto a la resistencia natural del ser humano a cambiar, explican más del noventa por ciento de los estrepitosos fracasos que antes apuntábamos.

La comunicación es el alimento del cambio. Moisés la utilizó especialmente. Parece ser que tenía un labio leporino y era un poco parco en palabras, por lo cual eligió a su hermano Arón –que según cuentan era un excelente comunicador– para encargarse de transmitir los mensajes dirigidos a reducir las incertidumbres.

Por último, sólo recordarles que lo único fijo y seguro que tenemos, y que por tanto no cambiará en el futuro, es que "todo seguirá cambiando"; por ello, y si desea que su proyecto de transformación dé resultados, recuerde que las lecciones para el éxito son tan de sentido común y tan antiguas que, incluso, ya estaban en la Biblia.