

06-10-2006
José Manuel Casado
Socio de Human Performance de Accenture.
Soy positivo porque me cuesta lo mismo que ser negativo y además me ayuda a disfrutar más de la vida. Me identifico bastante con lo que decÃa Thomas Friedman: "Soy optimista por naturaleza, porque soy bajito y sólo veo la parte medio llena de la botella"
¿No le parece que hay demasiada gente triste en la empresa?, ¿no cree que hay muchos melancólicos amargados que caminan serios por los pasillos de nuestras organizaciones?, ¿no le parece que tendrÃa que haber menos caras deprimidas?, ¿no considera que hay demasiados profesionales que tienden a ver la parte negativa de las cosas y a interpretar el trabajo, casi en el sentido bÃblico, como un castigo? Yo creo que sà y, la verdad, no lo entiendo.
Quizá sea porque nuestro filtro (–que por supuesto, tiene una función preventiva– nos protege, nos avisa del peligro y nos ayuda a interpretar la realidad), es negativo, y si no somos capaces de controlarlo, termina conformándonos una actitud negativa. Es probable que la psicologÃa haya tenido algo que ver, ya que desde sus inicios se dejó seducir por las ideas pesimitas que predicaban todos los filósofos de la época (el nacimiento de la PsicologÃa como ciencia se sitúa en 1879).
El propio William James, que publicó el primer tratado de esta nueva ciencia, el atormentado Sigmund Freud, e incluso Erich Fromm, que intentaba estudiar los aspectos positivos de las personas, compartieron la concepción preponderante pesimista de la naturaleza humana sustentado sobre el concepto de destrucción o Tánatos.
Quizá parte de esta visión pesimista del mundo tenga que ver con la melancolÃa de Aristóteles, con la bilis negra de Hipócrates de Cos, con el derrotismo del inglés Thomas Hobbes, del escocés Hume, del alemán Kant, Nietzsche o Heidegger, del francés Sartre o del madrileño Ortega y Gasset.
Mucho ha llovido desde entonces y, afortunadamente, los avances de la ciencia han hecho que los investigadores y expertos en el estudio de la mente humana hayan movido su foco de atención, para centrarse ahora más en la satisfacción por la vida que en la patologÃa.
Pero no es hasta hace apenas unos años, en el 2000, y fundamentalmente gracias a la labor heurÃstica y divulgativa del profesor de la Universidad de Pennsylvania, Martin Seligman, cuando se formaliza la asignatura de PsicologÃa Positiva y se reconoce explÃcitamente la importancia de la investigación de los aspectos positivos de la mente humana.
Ya está demostrado: la gente positiva es más sana, vive más años, es menos rencorosa, es más feliz y trabaja más y mejor. La NASA, por ejemplo, que es exquisita en la selección de candidatos a astronautas, considera el optimismo como uno de los atributos indispensables en los aspirantes.
Hay miles de ejemplos, como el de Metropolitan Life, empresa que utiliza lo que ha denominado optimismómetro para seleccionar a sus vendedores. Estoy convencido, y asà lo predico, de que la actitud mental positiva determina nuestro éxito y sostengo que se puede aprender a ser positivo.
Por ello, animo a las compañÃas a que enseñen a su gente a ser más positiva. Si lo hacen verán mejorar los Ãndices de satisfacción de sus estudios de clima laboral, reducirán conflictos, disminuirán la rotación no deseada, se convertirán en una empresa más alegre y humana y, lo que no es menos importante, mejorarán sus resultados. Además, le aseguro que… le cuesta lo mismo.