

31-03-2008
José Manuel Casado
Socio de Talent & Organization Performance de Accenture

Cuando yo era pequeño, recuerdo a un chico que querÃa ser rey, tener súbditos y que todo el mundo le obedeciera. En ocasiones, sus ojos desorbitados intentaban en vano mostrarnos un reino imaginario, pero los inocentes ojos de los demás crÃos nunca vimos sus amplias y lejanas tierras, ni llegamos a conocer a la que aseguraba ser su hermosa princesa. Cuando pregunté a mis padres qué era lo que le pasaba a aquel chico, me respondieron que tenÃa una enfermedad mental llamada esquizofrenia y que, cuando tenÃa una de sus crisis o brotes, sufrÃa alucinaciones y perdÃa el contacto con la realidad; es decir, no distinguÃa lo real de lo imaginario.
Reconozco que, como a todos los mortales, el miedo a perder la cordura y la razón, de alguna manera, sin ser una cosa que me haya preocupado, sà es algo que cuando se piensa detenidamente y con frialdad, al menos inquieta. Sin, por supuesto, ser un experto, –ni tampoco pretenderlo–, parece que la patologÃa que tenÃa aquel niño podrÃa tener mucho que ver con los problemas emocionales y sus consecuencias y, desde luego, con el comportamiento y la actitud de rechazo encubierto de la familia. Se dice una cosa pero realmente el niño percibe otra; digamos que es como decir una cosa y sentir otra, y manifestar ésta última con los comportamientos –no con el verbo– siendo este comportamiento uno de los aspectos que componen la textura de la raÃz causal del problema.
Pues bien, ¿no le parece que, en parte, es esto lo que precisamente hace la empresa en infinidad de temas? ¿No cree que en más ocasiones de las deseadas se dicen unas cosas y se hacen otras? ¿No aprecia que sólo se dice y comunican las buenas noticias y que las malas se maquillan como buenas? ¿No cree que hay una especie de obsesión por demostrar casi un carácter perfecto y sobrenatural?
Piense sólo durante un momento; la empresa dice que el conocimiento y la experiencia es lo importante y, sin embargo, en el momento en que tenemos que prescindir de algunas personas, el único parámetro que parece acertado es la edad. Ante un expediente de regulación de empleo (ERE) el criterio del consenso social es la edad, sin importar demasiado si el que deja la organización por la edad sabe mucho o poco y, lo que es peor, si lo que sabe es valioso o no.
Siga pensando, y fÃjese ahora en las mujeres ¿Cómo puede ser que haya más hombres que mujeres, y que en el trabajo los porcentajes estén cada vez más próximos y que incluso tengan los mejores expedientes académicos y que éstas apenas ocupen un cinco por ciento de los puestos en la alta dirección?
Dejémoslo por hoy, pero si quiere seguir con cordura, o con lo poco que queda de ella, si desea mantener "su reino" y que éste no sea imaginario y que en él estén los mejores, no continúe diciendo una cosa y haciendo otra, porque su empresa perderá la razón y será presa de una patologÃa esquizoide de pronóstico, cuando menos, preocupante.