

11-05-2007
Jesús Vega
Experto en recursos humanos.
Tengo que confesarles que no entiendo mucho de polÃtica. Aunque sà lo suficiente para no sentirme representado por la clase polÃtica (de uno u otro signo) que nos gobierna. Encuentro que no merecen mi voto quienes no son capaces de ponerse de acuerdo en los problemas básicos de los ciudadanos.
Aquéllos que dedican la mayor parte de sus energÃas a tirarse los trastos a la cabeza en vez de hacernos la vida mejor. Si no defienden nuestros intereses es que defienden los suyos. Eso en lo que se refiere a los llamados partidos estatales. En cuanto a los locales, tampoco me hace gracia que sus polÃticos quieran hacerse grandes a costa de hacer más pequeñas las sociedades que gobiernan.
Valga esta introducción para hablar de lo que considero un tema capital y al que nuestros gobiernos estatales, autonómicos y locales dan consistentemente la espalda: la forma en la que los españoles nos comunicamos con el mundo, donde se habla mayoritariamente inglés, el puñetero inglés.
Digo puñetero no porque tenga nada en contra del paÃs, sus ciudadanos o el idioma en sÃ. Para mà lo es por la cantidad de horas, esfuerzo y dinero que he invertido para aprenderlo. Y es que, seamos sinceros, aún habiendo muchos compatriotas que se manejan muy bien con el idioma, la mayorÃa tenemos dificultades. Muchas más que la inmensa mayorÃa de los ciudadanos de paÃses de nuestro entorno.
No me parece un tema vanal. Hablar inglés defectuosamente (o no hablarlo) limita las opciones de ascenso de quienes trabajan en una multinacional. O la competitividad de nuestras empresas en el exterior, ya que los profesionales y los empresarios tienen dificultades en su relación con clientes, proveedores, administraciones extranjeras, etcétera.
Es decir, y hablemos de realidades: dinero y oportunidades perdidas. Sin mencionar el placer de entenderse y ser entendido cuando viajamos al extranjero y compartir experiencias con otras personas.
Creo que los distintos gobiernos no han prestado la suficiente atención a la enseñanza del inglés. A las pruebas me remito. Prefieren dedicar sus presupuestos a otras cosas: gestionar los sistemas educativos atendiendo a otros objetivos que consideran más importantes (cuando todos sabemos que si el idioma se enseñara adecuadamente en edades tempranas, todo serÃa infinitamente más fácil) o dedicar las televisiones y radios públicas a adoctrinarnos (en vez de formarnos).
Las empresas tampoco están libres de culpa. ¿Cuántas hacen programas efectivos de formación en inglés para sus empleados? (se me ocurren cientos poco productivos) ¿Cuántas multinacionales tienen programas, tipo Erasmus, de intercambio temporal de profesionales?
Un colega me dijo una vez que no subvencionaban el estudio del inglés en su empresa porque si el profesional se iba a otra, la inversión se perdÃa. No se le ocurrió pensar que, como todas las compañÃas piensan lo mismo, al final tienen que pagar más a los pocos que saben hablarlo.
Cuando se empezaron a construir trenes en España, los polÃticos decidieron hacer la red viaria con un ancho de vÃa diferente al del resto de Europa. AsÃ, España no se contaminarÃa de las ideas y corrientes modernistas del resto del Continente. Esa decisión la hemos pagado muy cara. Ahora, las barreras se fijan en el terreno de la educación, en realidad, de la falta de educación. Señores polÃticos, do you understand?