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26-05-2006

Jesús Vega
Experto en recursos humanos

Hombres de confianza

Me han dicho que cada vez es más frecuente. Hay un cambio en la dirección de una empresa y el nuevo director trae a su nueva empresa una mochila de profesionales de sus anteriores equipos. La razón que lo justifica suele ser apuntalar el poder político del directivo recién nombrado o, lo que es igual, desarrollar una guardia pretoriana que le cubra sus espaldas ante otras fuerzas políticas internas.

Los hombres de confianza, qué quieren que les diga, no suelen ser gran cosa. Sus mayores méritos consisten en su capacidad de relación, la enorme fidelidad a sus jefes-estela y su escasa afición a tomar decisiones, ya que decidir es comprometerse con la acción y asumir riesgos, a lo que no están acostumbrados porque lo suyo es otra cosa.

Ya sé que no es mucho para ser directivo en una empresa, pero las garrapatas del talento ajeno suelen ser muy conscientes de sus incapacidades y saben que su carta es la del directivo que los ha traído, por lo que no suelen estar muy interesados en desarrollar otras habilidades.

Dicho de otro modo, suelen ser mejores padrinos de los hijos de sus jefes que profesionales. Cuando caen sus superiores, saben que su vida es tan limitada como la de su portador y su apuesta es seguirle allá donde vaya. La palabra lealtad sólo la entienden referida a lo que deben al de arriba, nunca a la empresa.

El directivo que trae o promueve a sus hombres de confianza enseña tres cosas. En primer lugar, que desconfía de sí mismo, ya que renuncia a promocionar a la gente de su nueva empresa o a confiar en las personas que se encuentra. En segundo lugar, una falta de escrúpulos que demuestra que sus intereses están muy por encima de los de su organización. Por último, que en su escala de valores la profesionalidad no ocupa uno de los puestos de honor.

Sinceramente, esta situación me recuerda a la que se produce cuando un mal presidente de un club de fútbol cambia de entrenador y permite que traiga futbolistas de su entorno (normalmente de su misma nacionalidad y deudores de algún favor pasado). Suelen ser jugadores mediocres pero que le defenderán a muerte en las ruedas de prensa, ya que son conscientes de que su destino está asociado al del técnico que les trajo.

La conclusión de estas situaciones suele ser la misma: entrenador defenestrado, futbolistas fichados gracias a su recomendación y vendidos a mal precio. ¿Quién pierde? El club, que se encuentra cada vez que hay un cambio de preparador con unos jugadores que nadie quiere y que se van acumulando en el cementerio de los recomendados.

Cuando una organización permite la existencia de hombres de confianza tiene que ser consciente de que el mensaje que transmite al resto de los profesionales es que desconfía de ellos. Si un directivo prima que haya más lealtad a su persona que a la empresa, no le debería extrañar que el resto de los ejecutivos de ésta se sientan desvinculados de la misma.

Cuanta más confianza tiene el directivo en su gente, más desconfía el resto de la compañía que, al fin y al cabo, lo permite… Porque el compromiso se teje con hilos muy finos y los profesionales saben que no se les puede pedir lo que sus directivos no les otorgan. Todos sabemos que hay muchos métodos para transmitir valores, pero el más efectivo es enseñar con el ejemplo. Esto me recuerda a la historia de los tres náufragos que llegaban a una isla… Pero es larga. Si me permiten, se la cuento otro día.