

02-02-2007
Jesús Vega
Experto en Recursos Humanos.
Les voy a contar un cuento. En realidad no les deberÃa sorprender tanto. Todos los dÃas, los polÃticos, teóricamente personas muy serias que detentan cargos muy importantes, nos sueltan cuentos y no nos sorprende. En este caso, el nuestro trata sobre Caperucita y el Bobo Feroz.
Caperucita era una humilde profesional que iba a trabajar con su cestita llena de documentos, presupuestos y ofertas de productos. Atravesaba el bosque de coches que le llevaba a la sede de Abuelita (Abogados de la Unión Europea Litigantes Asociados).
En cuanto al Bobo Feroz, ustedes le conocen. Es ése al que le gusta tener mando porque puede abusar de su autoridad. El que se siente inseguro y encuentra en la ferocidad de su comportamiento el remedio de sus frustraciones, el antÃdoto para sus inseguridades.
Mal jefe, da más ordenes que recomendaciones; más gritos que razones; menos respeto que resultados. Encuentra en la imposición arbitraria una salida razonable a su falta de criterio.
En realidad, el Bobo Feroz no es vÃctima, pero tampoco culpable único de sus desmanes.Porque le dejan hacer, no le enseñan ni corrigen. Y, entre todos, los ejecutores y los que se lo permiten, crean la sociedad del miedo, de la opresión y la oscuridad.
De igual manera que en muchas ocasiones padres maltratadores generan hijos maltratadores, directivos feroces generan directivos feroces. Nadie rompe el cÃrculo vicioso porque la anormalidad se convierte en cultura de empresa.
El temor paraliza, es padre del engaño y de la falta de compromiso. Transmite baja estima y apaga la luz donde se desarrolla la creatividad.No cabe generación de ideas en un entorno opresivo. Las ideas, como las flores, crecen mejor en entornos de libertad.
Y no nos confundamos, para aquellos que piensan que la figura del Bobo Feroz es necesaria en cualquier cuento porque mantiene el orden, les debo decir que soy un firme partidario de la disciplina y del respeto en las organizaciones.
Pero también pienso que nadie debe tener temor a pensar, a presentar iniciativas, a liberar las potencialidades de la imaginación. Muchas veces se encuentra aquà la diferencia que marca el éxito de las empresas.Pero basta de cuentos. Las instituciones deben crear un entorno demandante sin que el temor se adueñe de las conciencias de sus profesionales. Les sugiero que:
¿Cómo terminó el cuento? Caperucita siguió su carrera profesional, mientras que el Bobo Feroz (que es cierto que antes de encontrarse con ella se habÃa deshecho de otros destacables profesionales), finalmente encontró el destino que tan fieramente habÃa merecido. Asà que ya lo sabe, Señor Bobo, por muy feroz que sea usted, ya no le tememos.