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29-09-2007

Jesús Vega
Experto en Recursos Humanos.

Una generación secuestrada

Mucho se ha hablado sobre el milagro económico español. Diez años de crecimiento dentro de un entorno económico en período de estancamiento. Algunos dicen que la razón se encuentra en que España ha sabido aprovechar las ayudas de la Unión Europea. Puede ser, pero no olvidemos que otros países que entraron en épocas similares en la Unión están en crisis desde hace varios años.

Nuestras empresas son más competitivas que nunca. En un pasado reciente, decir producto español equivalía a producto malo. Ahora, la imagen de marca española es mejor que nunca. Como quiera "que muchos padres tiene la victoria y huérfana es la derrota", los políticos y presidentes de las grandes empresas se han puesto medallas cuyo brillo no hace más que ocultar la realidad. La verdadera razón por la que ahora, a pesar de algunos, puede hacer que nos sintamos orgullosos del famoso milagro económico español.

Jamás España ha contado con una generación tan brillante de profesionales. Nunca tantos tan bien preparados. Una maravillosa ecuación (muchos + educación + trabajo duro) cuyos elementos se han entrelazado y, por tanto, potenciado. Hay quien puede negar la mayor diciendo que los españoles siempre fueron duros trabajadores. Podrá ser cierto.

Lo que digo es que una gran cantidad de ciudadanos nacidos en esta generación han podido acceder a unos niveles educativos sólo reservados para una minoría en el pasado. Además, cuando se incorporaron al mercado laboral, éste se encontraba en una profunda crisis por lo que tuvieron que competir entre sí y trabajar muy duro. Tener hambre de éxito en un entorno de escasez ha sido uno de los mejores ingredientes para esa fórmula tan asombrosa.

Ahora, dicen, se acercan nubarrones a nuestra economía. Preocupante sí, pero cuando existe un elemento humano emprendedor se puede convertir ese presunto huracán en una tormenta de verano. Lo que me preocupa es que esa generación tan luminosa pueda ser secuestrada y eclipsada por el miedo a no poder pagar la hipoteca, a que los niños no puedan ir al colegio tal o a no pasar las vacaciones en el destino de moda.

Veo con frecuencia ejemplos en los que los antaño profesionales ambiciosos se refugian en una actitud cada vez más conservadora, menos arriesgada y creativa. Y las empresas en las que están trabajando no reaccionan porque son ellos los que las dirigen. Quizá hasta que sea demasiado tarde para reaccionar.

Como en los deportes, cuando juegas a empatar, pierdes. De la misma manera, cuando juegas a no ser despedido, pierdes. Y tu empresa contigo. Es verdad que cuando la carrera profesional avanza, podemos pensar que también hay cosas que perder y no sólo que ganar. Precisamente por ello, no hay que levantar el pie del acelerador. Tenemos que seguir asumiendo riesgos, empujando con descaro. Ser aconsejado por el miedo es ser aconsejado por la derrota.

Pertenecemos a una gran generación, la que borró de nuestro subconsciente colectivo muchos de los complejos que arrastrábamos. Hemos aportado, gracias a la base que nos concedieron nuestros padres, una mejor base en la que vivirán nuestros hijos. Estropearlo ahora es injusto e imprudente.