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31-08-2007

Jesús Vega
Experto en recursos humanos

Masoch vuelve de vacaciones

Es probable que el lunes vuelva usted al trabajo. Es posible que una bola se haya ido instalando en su estómago con un tamaño proporcional a la cercanía del regreso a la oficina. Las vacaciones se terminan y es inevitable que las recuerde con una sonrisa. Tiempos de siesta, de sol, de viajes exóticos, partidas de mus, charlas con los amigos y daikiri en la mano. Las vacaciones forman parte del reino donde uno es el monarca: se reciben menos órdenes, hay menos compromisos y aunque uno se agote, lo hace porque le da la gana.

A lo que vamos. Masoch fue un escritor polaco que vivió en el siglo XIX y se hizo famoso porque escribió un libro en el que relataba de forma apasionada cómo obtenía placer cuando, voluntariamente, otras personas le causaban dolor. Tanto escándalo provocaron sus libros que el término masoquismo se incorporó a los diccionarios de todo el mundo.

No hay otra época del año donde se haga mejor homenaje a la memoria de Masoch que cuando se vuelve de vacaciones. La vuelta viene acompañada por lamentos, quejas o depresiones para la mayoría de los profesionales. Parece que obtenemos placer al hablar de la angustia de volver a trabajar. Es lógico, se ha acabado lo bueno, se ha pasado del cielo al infierno sin pasar por el purgatorio. Pues miren, no es tan lógico.

Si, para resumir, hay un mes de vacaciones y once donde tenemos que trabajar, resulta mortificante considerar la etapa más larga como un penoso calvario que hay que atravesar hasta que lleguen las próximas vacaciones. Sé lo que es madrugar, la presión, los viajes, las broncas, lo desagradables que pueden ser algunas personas del entorno laboral, las horas estúpidamente pasadas en atascos… Pero también es cierto que el trabajo es un buen sitio para demostrar hasta dónde podemos llegar. Allí encontramos una de las mejores vías de socialización y realización, no sólo profesional sino también personal; experiencias positivas que nos enriquecen como personas.

Por todo ello, me permito recomendarle que el lunes vaya con una sonrisa a la oficina. Una sonrisa en la que deposite el maravilloso recuerdo de sus vacaciones y el encuentro con el que va a ser, en parte, su hogar los próximos once meses. Para lo cual puede ser interesante reflexionar sobre los siguientes puntos:

- Antes de volver, recuerde sus últimas pequeñas victorias. Los buenos momentos con sus compañeros o lo que le costó conseguir el puesto que ahora disfruta. Se dará cuenta de que ni las vacaciones son tan buenas ni trabajar es tan malo.

-Márquese un fuerte ritmo de trabajo. El empeño le quitará las prescindibles frustraciones. Intente huir de las colectivas lamentaciones que se acumulan en las máquinas de café o en las comidas de trabajo.

-Piense que éste es el momento más adecuado para no repetir esos vicios laborales que tanto le molestan. Evite las llamadas interminables, las comidas prolongadas y los correos electrónicos inútiles.

Le estoy observando mientras lee estas líneas. Tiene el entrecejo fruncido: "Las vacaciones son las vacaciones y el trabajo es una… ¡Diga éste lo que diga!". Pues bien, le sugiero que lo piense y me haga caso. O no: el célebre Masoch estará encantado de contar con usted como uno de sus adeptos.