

23-06-2007
Jesús Vega
Experto en recursos humanos

Seamos sinceros: en el mundo de la empresa, no hay enemigo más enconado, odio más descarnado, pelea más atroz, que la que se produce en el seno de la propia organización. Ventas contra márketing, I+D contra finanzas, producción contra logÃstica y todos contra recursos humanos. Directores contra directores, profesionales contra profesionales… Dolorosas guerras civiles.
Las empresas pagan a sus profesionales por su tiempo, conocimiento y energÃa. Hablemos, pues, de energÃa. En su casa la gente no se deja las luces encendidas o el grifo abierto cuando no se necesita. En la empresa sÃ. Hay un enorme derroche de energÃa que no lleva a ninguna parte: pugnas internas, crÃticas, camarillas, conspiraciones… EnergÃa valiosa, inestimable, que podrÃa ser mejor utilizada en ganar clientes, generar recursos, mejorar proyectos, llegar a nuevos mercados. Objetivos comunes de los que todos se pueden beneficiar.
Pero, espere, no somos tan ingenuos. Sabemos que las personas tenemos filias y fobias y que éstas encuentran su caldo de cultivo en el microclima de la proximidad. Nadie puede cuestionarlo. Pero también es difÃcil cuestionar el hecho de que en la empresa hay una única cuenta de resultados a la que todos sus miembros contribuyen independientemente del departamento en el que trabajan.
Y sin embargo…
En mi opinión hay diversas causas que pueden originar estos entornos hostiles:
1) Directivos débiles que favorecen las pugnas internas para posicionarse mejor a sà mismos (“Amo mi guerra civilâ€). Cuanto más se peleen, menos cuenta se van a dar de mis incapacidades.
2) Organizaciones estáticas que no han sufrido cambios suficientes. Demasiada rutina, proximidad y fricción.
3) El aburrimiento. Hay una relación directa entre el tiempo dedicado al debate y la carga de trabajo de un departamento. Las organizaciones que están bien dimensionadas se dedican a trabajar y no a conspirar.
4) A veces, los directivos propician esos ambientes con el objetivo oculto de generar tensión, competitividad interna. Bien, es una estrategia. Pero, cuidado, la tensión mal administrada puede quemar los circuitos.
5) Guerras de egos. Gente que no entiende que siempre el nosotros vale mucho más que la suma de los yo.
Se crean asà empresas que sufren de corrosión porque las pugnas internas han erosionado la patria común. Equipos donde los defensas están contra los delanteros, el portero contra el mediocentro, el entrenador contra el presidente. Y los millones de aficionados, frustrados, amargados. Es difÃcil meter gol asÃ, ¿no? ¿Merece la pena hacer algo por evitar estas situaciones? Creo que sÃ. Me atrevo a hacer unas recomendaciones:
1) Facilitar la rotación interna. Es más fácil entender los problemas de los compañeros, participar en la solución común de los mismos cuando se ha vivido como ellos.
2) Comunicar. Directamente, involucrando a todos en lo que les puede preocupar. Un proyecto común es un destino que sirve para centrar a las personas.
3) La polÃtica de incentivos debe ser coherente con los objetivos comunes. Que los intereses individuales no vayan en contra de los de la empresa. Y que se note en el bolsillo.
4) Elija: ¿Una prima donna o cien excelentes profesionales?
No es mi intención confundir. No es éste un mensaje de paz. Claro que hay batallas que ganar. Enemigos que batir. Terrenos que conquistar. Pero están fuera de las paredes de su empresa.