

10-09-2005
Guido Stein
Profesor del IESE y presidente de Eunsa
...pues nos ahorrarÃamos muchos problemas y esfuerzo retórico acerca de la conciliación entre vida familiar y profesional, a menudo inútil y descorazonador. Pero en la práctica no parece ser lo más importante, o no tanto como se predica, o incluso no pasa de ser un reclamo publicitario como el de la responsabilidad social corporativa. Ahà va mi cuarto a espadas, con todos mis respetos y reconocimiento a quienes empujan esos carros con honestidad y acierto –la inmensa minorÃa– empezando por mi admirada colega, la profesora Chinchilla.
No dispongo de una evidencia estadÃstica para asentar estas afirmaciones pero, eso sÃ, de evidencias anecdóticas, de esas que ilustran el cada dÃa, ando sobrado, seguramente como usted, eso que nos ahorramos ambos. Mi cantera ha sido la playa de agosto, que a menudo surte el efecto de una cura de humildad fÃsica –no hay quien oculte los vergonzantes michelines–; y también psicológica, ya de esa guisa, ¿para qué aparentar lo que no pasa o de veras no se piensa?
Empecemos por los directores de recursos humanos, que no son los principales responsables del desaguisado. Los paseos me han hecho coincidir con media docena de otros tantos sectores. Coinciden: el nombre del juego es eficiencia y eso está reñido con la conciliación a base de reducciones de jornadas y similares. Si alguno sucumbe a la tentación, el director general y/u otros colegas del comité directivo le devuelven a la realidad y en su defecto el jefe inmediato del que quiere conciliar.
Sigamos por los propios compañeros de trabajo; esos suelen jugar un papel más determinante, tanto a favor como, paradójicamente, en contra: y es que no hay control más férreo que el que se ejerce lateralmente fruto de la envidia, el egoÃsmo y otras lindezas de las que los seres humanos andamos sobrados para nuestros mejores momentos. "Oye, si los hijos son suyos, por qué tenemos que pagar las consecuencias nosotros". Todos sabemos que en cualquier organización coger el portante antes que los demás siempre tiene consecuencias, pensar otra cosa no es una ingenuidad, es desear engañarse. Esto no es un problema a resolver sino una circunstancia con la que contar.
Conciliar la vida familiar y profesional es un verbo que se conjuga en primera persona del singular, que supone poner por detrás todo lo demás –esta frase hay que leerla varias veces pronunciándola con dinero, tiempo, promoción, formación, brillo, y un largo etcétera–, ¿estamos dispuestos de veras a esos sacrificios? Cualquier otro mejunje: "tu me concilias, el me concilia, ..." acaba creando la lógica repulsa, que es letal para la causa. Usted y yo seguro que hemos visto a más de uno disolver sus graves problemas de conciliación con ofertas profesionales más jugosas. Lo primero es poner primero, eso, lo primero, y ser coherente.
Los americanos, tan prácticos, dicen eso de there is no free lunch: lo que uno no paga, otro lo hace. La solidaridad como todo lo importante se siembra con el sacrificado y gozoso ejemplo personal, la conciliación entre trabajo y vida familiar igual. Esos dÃas de playa también pregunté a mis hijos, pero no me atrevo a transcribir sus ideas... son pequeños y no saben nada de conciliación, ni les importa un comino... casi como a su padre.