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16-05-2008

Lorenzo Caprile
Diseñador.

"La ley no protege al pequeño empresario"

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Lorenzo Caprile es, sobre todo, empresario. Aunque deja volar su imaginación para diseñar modelos exclusivos, es muy consciente de lo que supone llevar las riendas de un negocio, del esfuerzo y la importancia de mantener un equipo. Esto constituye la esencia del éxito.

Montse Mateos / Madrid.

Algunas personas se sientan a hablar de sus sueños, pero otros, como Lorenzo Caprile, deciden hacer algo al respecto. Diseñador de trajes de novia, este madrileño no es amigo de las entrevistas y menos aún de la fama. Esto último le resulta difícil, pero no puede huir de ello.

Confeccionó el vestido nupcial de la Infanta Cristina, y antes hizo lo propio con el de otras reinas del papel cuché como Carla Royo-Villanova, Marta Sánchez, Maribel Sanz y Arantxa del Sol. Mago de los tejidos y enamorado de su trabajo, entrevistamos a Caprile en su pequeño taller de Madrid.

Las reducidas dimensiones de su despacho contrastan con el espacio dedicado a la confección -donde las modistas dan millones de puntadas cada día-, el cuidado salón de pruebas en el que las clientas preparan su puesta de largo, y el coqueto recibidor. Todo está salpicado de piezas de tela enormes en las que sobresale el rojo.

De Caprile sorprende su gran humanidad. Se define como un empresario y esconde con pudor su genio y el ingenio que le permiten convertir un pedazo de tela en una obra de arte: "Para que una mujer esté guapa no hace falta inventar nada, que llame la atención y sea original, eso ya es otra cosa".

Empezó a hacer trajes de novia en 1993; un año después montó su empresa. Desde entonces no ha dejado de trabajar en un sector que le apasiona y, como en la vida, no se marca límites: "Cada vez vivo más al día. Lo de marcarse límites es muy frustrante, aquellas personas que lo hacen nunca están satisfechas, porque cuando cumplen un objetivo ya están pensando en el siguiente".

Es difícil entrar en este mundo de la moda...
En aquel momento era muy joven y tenía mucha ilusión. Siempre digo que montar una empresa es como descender la ladera de una montaña esquiando: cuando la has bajado piensas, "me podría haber matado".

Cuando puse en marcha el negocio no tenía capital, me lo prestaron mis padres, dos millones de las antiguas pesetas, y ni siquiera me preocupé por hacer un estudio de mercado, fue cuestión de intuición. Me parecía todo sencillísimo, pero ahora pienso que tuve mucho coraje y energía para llevarlo a cabo.

¿Qué le costó más trabajo?
Lo más ingrato era el tema financiero. Teníamos una estructura muy pequeña, éramos cuatro personas -ahora somos más de veinte- y yo hacía un poco de todo. Me ocupaba de los proveedores, bancos... y lo que tenía que ver con los números se me hacía ingrato. Cuando las cosas fueron mejor, me apoyé en una gestoría.

¿Y qué opina de la selección de su equipo?
Lancé muchos anzuelos. Publiqué anuncios en prensa, hice muchas llamadas. ¡Incluso recurrí a la competencia! Ahora ni se me ocurriría. Y en la entrevista laboral me dejaba guiar por mi intuición.

Confieso que en cuestión de números soy un desastre pero, después de 15 años, reconozco que no me ha ido mal en la elección de mis colaboradores: salvo una persona, que después de casi siete años juntos decidió seguir su camino, mantengo el equipo inicial. Se me da muy bien, tengo la capacidad de saber hacer equipo. Eso es fundamental en cualquier tipo de trabajo, pero en este es crucial.

¿Qué hace para conseguir esa fidelidad?
Para empezar, pagarles muy bien. Tenemos una estructura muy horizontal, aquí no existen las jerarquías. Se trabaja mucho en equipo, he intentado que todos sepan hacer de todo y que nadie se crea indispensable. Ni yo mismo. Por otra parte, la pyme no puede regirse por un sistema rígido, debe ser muy flexible con las necesidades y demandas de sus empleados, creo que es clave para su supervivencia.

Trabaja con un grupo de mujeres y su clientela es eminentemente femenina, ¿es complicado?
Pues no…, porque vengo de una familia donde la mayoría son mujeres y ya estoy acostumbrado.

¿Resignado?
Supongo que sí. Las mujeres son muy especiales, y con el tema de la ropa se aprende mucho de ellas.

¿Qué es más complicado, crear un vestido o un equipo que se ocupe de su elaboración?
Crear el equipo. Nuestro trabajo es relativamente fácil y estimulante, lo difícil es tener contenta a una mano de obra cualificada y con mucho pundonor. Si le das la enhorabuena a una, la próxima vez tienes que hacerlo con la otra.

¿Qué cualidades cree que son imprescindibles para ser un buen jefe?
 Sobre todo la empatía y la inteligencia emocional. Es ponerse en el lugar del otro y es un estímulo constante.

¿Y la parte más ingrata?
Cuando alguien del equipo no encaja y tienes que deshacerte de él. Eso y cuando has confiado e invertido mucho tiempo y dinero en una persona y te ha fallado. En este sentido la ley española no protege al pequeño empresario. No es lo mismo que pierda talento una gran firma de moda a que esto suceda en una pyme.

Ha trabajado con las dos empresas nupciales de prêt á porter más famosas, Rosa Clará y Pronovias. Caprile, ¿seguirá en solitario?
Fueron experiencias muy bonitas, podría hacer más dinero del que hago ahora, pero no me interesa. Prefiero seguir mi camino. Si me tentara una empresa, si fuera más joven a lo mejor aceptaría, trabajar para una marca te aporta seguridad y unos medios económicos importantes. Pero ahora tendría que pagar un peaje tan alto que no sé si estaría dispuesto a aceptarlo.

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