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30-04-2008

Manuel Toharia
Director del Museo Príncipe Felipe de Valencia

"Un museo no debe ser rentable"

Se hizo conocido como 'hombre del tiempo' y ahora dirige un museo de divulgación científica. Pero él afirma que sigue haciendo el mismo trabajo: comunicar.

Julia Brines / Valencia.

Lleva las riendas de un museo dedicado a la ciencia, a todo lo que pueda significar ciencia para el gran público. Manuel Toharia (Madrid, 1944) da la impresión de reflexionar sobre casi todo y de ser capaz de llegar a sus propias conclusiones sin tener en cuenta los discursos oficiales. Con esa manera de abordar la realidad que nos rodea, puede traer aire fresco en muchos temas, desde el cambio climático a la dieta mediterránea, pasando por los problemas hídricos.

Es usted un científico que se ha dedicado a la divulgación.. Televisión, diarios, prensa, museos, libros. ¿Qué le queda?
Uno hace el mismo trabajo en diferentes sitios y con diferentes herramientas. Es el trabajo de la comunicación. El objetivo es comunicar a gente que no sabe lo que los científicos saben, de manera que lo entiendan. Así de fácil y así de difícil.

¿Un museo debe ser rentable?
No. Si es rentable no es un museo, por definición, porque la rentabilidad que busca un museo no es una rentabilidad económica sino una rentabiliadad muchísimo más importante pero que no se puede cuantificar en dinero, que es la rentabilidad cultural o educiativa. Los museos tienen unos gastos, unos ingresos, y un déficit, que en realidad se convierte en una inversión en cultura y en educación, No vale decir "tienes pérdidas", es un mal concepto desde el punto de vista económico. "Tienes inversión en cultura", que es esa diferencia negativa que hay entre lo que ingresas y lo que gastas. Si el museo se convierte en algo que te da dinero es porque tienes unos objetivos fundamentales de obtener beneficio económico y probablemente eso llevará emparejado casi seguro el desprecio a la inversión en cultura.

¿Cómo se mide el éxito de un museo?
De muchas maneras. Una forma muy sencilla -y no idiota, en contra de lo que la gente pueda pensar- es el número de visitantes, porque los visitantes pueden venir por distintas razones, pero si vuelven y la tendencia del número de visitantes se mantiene entonces es un buen factor, no el número de visitantes en bruto. Hay otras formas. Puedes hacer encuestas de satisfacción y además puedes hacerlas no de manera indiscriminada, sino discriminada, buscando segmentos de población especialmente interesantes por lo que sea: jubilados, colegios, profesores... Pero un museo masivo como éste tiene que aspirar a interesar a toda la población. Hay otra forma de medirlo que es la catalogación que podemos hacer los expertos, por una razón: cualquiera puede opinar sobre este museo, pero es evidente que mi opinión vale más, para lo bueno y para lo malo. El que más puede saber es el experto. No tengo que esperar a que me den una encuesta de satisfacción.

¿Qué cualidades le gusta que tengan sus colaboradores?
En un centro como éste, lo más importante es que la gente que trabaja en la confección de actividades y exposiciones tenga muy claros los elementos de la divulgación científica: lenguaje asequible, sistemas válidos para todo el mundo, rigor en el mensaje científico aunque lo simplifiques... En la gente que administra, que controla o hace labores de servicios, que sean buenos en lo suyo. Pero en la gente que trabaja en la creación de nuevas cosas, la puesta en marcha de cara al público, en las ideas, lo que fundamentalmente me intersa es que sean buenos divulgadores. Me da igual si son periodistas, científicos, biólogos o químicos. Incluso hay muchos profesores. Los profesores reciclados a divulgadores y que se olvidan de esa faceta muy encasillada del profesor, que es el currículum, la asignatura... y van más a la actualidad, la divulgación, el lenguaje comprensible... como tienen mucho ganado por su oficio de pedagogos, son los que al final mejor se adaptan.

¿Está este tipo de museos muy enfocado a la juventud?
No, son utilizados por el mundo escolar como una herramienta, pero no están orientados a la juventud. Mucha gente dice lo mismo: "tengo que ir con mis hijos". Pero ven tú solo, no hace falta que vengas con tus hijos. Ven con tu padre, o el abuelo. El caso paradigmático es el del niño que viene con el colegio, cuenta lo que ha visto y la familia va el fin de semana. Al cabo de dos o tres horas los niños quieren irse y a quien no puedes sacar del museo es a la mamá o a la tía. Y por las tardes estamos llenos a tope de jubilados. Es el público más numeroso, los niños no suponen más del 15-20%. Y luego los turistas, que no vienen sólo a ver el edifico de Calatrava.

¿Cómo se infunde el interés por la ciencia a diferentes generaciones?
Los niños y los adultos ignorantes en ciencia se comportan de la misma manera ante un experimento que les propones aquí. El buen pedagogo es el que sabe que lo que le interesa a un niño de doce años también le interesa a un abuelo de setenta. Porque probablemente la sensación de descubrimiento, de exploración, de maravilla ante algunas cosas que les propones como experimento es la misma. El que sabe hablarle a un niño y que le entiensa sabe hablarle a una persona ignorante.

Se dice que en España la ciencia está poco valorada económicamente. ¿Por eso España no es una potencia científica?
Cuando se habla de ciencia en España se confunde con la investigación. Científicos profesionales hay muy pocos, son una pequeñísima parte de la sociedad. Esta ciencia profesional en general tiene una carrera difícil, no hay tantos puestos como postulantes, y al final lo que cobra un catedrático de universidad no está tan mal o un profesor de investigación del CSIC. Evidentemente hay muchos buenos científicos jóvenes que las pasan canutas para ganar un sueldo. Pero no es ese el problema fundamental. La ciencia profesional es muy vocacional. Todo el mundo quiere tener un buen sueldo, pero no están peor aquí que en Francia y sí están mucho mejor en Estados Unidos. La ciencia en España no está muy valorada socialmente; el científico goza de muy poco prestigio, excepto unos cuantos. Es más conocido un futbolista o una cupletista que un cirujano que salva al día varias vidas. El científico debería tener un buen reconocimiento social que no tiene. Es un problema de organización de la ciencia profesional. Hay muchos científicos buenos, demasiados, no tienen sitio y se van. Y esto tampoco es malo, porque la ciencia es internacional. No hay ciencia valenciana, ni española ni gallega. La ley de Newton vale igual aquí que en Rusia.

Un asunto polémico actualmente es el de la energía. Parecía que los biocombustibles iban a ser la solución a muchos problemas y ahora resulta que crean otros nuevos...
Los biocombustibles eran un paso intermedio bastante interesante para pasar de los combustibles fósiles a otra cosa, sea lo que sea. Un paso intermedio complementario a otro. Lo que pasa es que luego han surgido polémicas. Primero por la producción de los biocombustibles y lo que se gasta en obtenerlos. Pero también se gasta en lograr petróleo. Y se dice que los combustibles quitan los alimentos a los países pobres. ¡Pero si ya se los estábamos quitando! Los países pobres no tienen alimentos. Nunca se los hemos dejado. Tú cultivas hierba en Brasil cargándote la selva tropical y esa hierba no es para los brasileños, es para las vacas que alimentan las hamburguesas americanas. La industria americana de alimentación ha explotado a América del sur y a toda Africa para alimentar a la sociedad americana. Es lo mismo, sólo que ahora parece que es más pernicioso porque se hace para combustibles. Por cierto, esto sólo vale para la gasolina, porque el biodiésel, que es el más utilizado en Europa, no utiliza este tipo de producto, utiliza aceite.

En cuanto a la sequía, ¿cómo ve la discusión entre trasvases y desaladoras?
La sequía en España es característica, siempre ha llovido de forma irregular. Lo que ocurre es que hemos multiplicado por cientos la cantidad de agua que usamos. Habría que distinguir prioridades. Hay una primera agua vital, la de beber, que no puede faltar. Hay una segunda económica, que es el imput fundamental de un sector económico como la agricultura. Y hay una tercera lujosa, la de regar jardines y llenar piscinas. Un país rico debería tenerlas todas, pero el césped es un lujo en un país seco. Esa agua suntuaria sobra en dos terceras partes de España. Aquí mismo, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, vemos césped, y podríamos haber puesto otras plantas mediterráneas que no hay que regar, que crecen solas. También estamos utilizando el agua potable para la cisterna en las casas, por ejemplo. Lo que hay que ver realmente es qué agua falta. Tanto los trasvases como las desaladoras son interesantes, pero la solución está en priorizar. Además, en España tenemos un agua del grifo muy barata.

En otros países falta el agua vital. ¿Eso tiene arreglo con dinero?
Con dinero sí. Probablemente Etiopía y Somalia podrían tener agua desalada por lo menos en algunas zonas más cercanas a las costas. Es muy sencillo, pero los sistemas de captación de agua cuestan un dinero que no tienen. ¿Quién pone ese dinero? ¿El Banco Mundial? Si está para financiar ejércitos. ¿Las empresas públicas y privadas...?

Su último libro se titula Confieso que he comido. ¿Nos sentimos culpables de comer?
Bueno, hice un juego de palabras con el título de Neruda... Comer se ha convertido en un placer, y por eso nos persiguen los médicos y los agoreros. Trato de analizar hasta qué punto estamos histéricos con la comida. Yo reivindico una forma de comer lo más placentera posible y que no nos haga daño por el exceso. Es necesaria la racionalidad y contar con elementos suficientes de información. La mejor forma de comer es poco, pero de todo, ya lo decía Grande Covián.

Y los alimentos terapéuticos, ¿nos ayudan a estar mejor?
Esos alimentos no te van a quitar una enfermedad. Si estás enfermo, debes ir al médico y quizá hacer dieta. Si estás sano, debes comer de todo.

Su libro El 'clima' salió hace dos años y va por la tercera edición. Su visión del cambio climático difiere de muchas de las alarmas que nos están llegando. ¿Nos estamos volviendo demasiado catastrofistas?
Sí. Yo soy realista. La gente se ha vuelto loca, está asustada por temas que pueden venir en el futuro a largo plazo y no por los problemas de hoy. Dicen que uno de los problemas del cambio climático en el futuro lejano es que va a haber muchos más pobres en la tierra. Yo diría "pero si a usted no le importan los pobres de hoy". Hoy hay mil millones de pobres muertos de hambre y de sed y no hace nada para arreglar eso, ¿de verdad me quieren convencer de que están preocupados por los pobres de dentro de cien años? Quien dice eso está engañando. "Es que el mundo estará mucho peor", dicen. O sea, que ahora está estupendo… Para mí sí, que vivo en un país rico y tengo coche, aviones e Internet y hospitales. Pero hay un mundo ahí al lado donde estan literalmente muertos de hambre y de sed sin cambio climático. Entonces, ¿con qué mal me están amenazando? ¿Que puede subir medio metro el nivel del mar y quedarnos sin turismo en Valencia dentro de un siglo? Ése es un problema de país rico. Los problemas no los tenemoslos ricos y no me creo que la gente vaya a hacer nada para solucionar los problemas de dentro de cien años si no somos capaces de solucionar lo que hay ahora alrededor.

Usted habla del discurso de Al Gore...
Sí. Es absolutamente estúpido y catastrofista. En ese sentido, no porque lo que diga sea una tontería. Hace de predicciones con mucho margen de incertidumbre verdades reveladas. Algo que por cierto también hacen muchos ecologistas, a los que Al Gore se parece. Sólo que Al Gore gana mucho dinero y los ecologistas no.

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