

03-03-2008
Eduardo Bautista
Presidente del consejo de dirección de la SGAE

Eduardo Bautista dirige la entidad de gestión que defiende la posición de miles de autores. Buscador de talento, apuesta por la existencia de éste entre los creadores patrios, y asegura que en ellos se encuentra el gran yacimiento para la industria cultural.
Fue cocinero antes que fraile... Eduardo Bautista (Las Palmas de Gran Canaria, 1943) vivió la música de las décadas de 1960 y 1970 subido a un escenario. Hoy es el presidente del Consejo de Dirección de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), una entidad de gestión colectiva centenaria dedicada a la defensa y gestión de los derechos de propiedad intelectual de sus socios, entre los que se cuentan directores de cine, guionistas, compositores de todos los géneros de música, escritores dramáticos, libretistas o coreógrafos.
– ¿Qué diferencia de perspectiva tiene hoy, como responsable de la SGAE? ¿Qué le hubiera gustado que se hubiera hecho cuando usted era "cocinero"?
–Yo tengo el hábito del fraile, pero el delantal del cocinero sigue estando ahÃ. Yo no podrÃa estar aquà sin la inteligencia emocional de este puesto. Si gestiono una organización grande es porque puedo establecer una empatÃa, porque no me he quitado ese delantal.
Hubiera querido tener en aquella época las ventajas que hay ahora mismo, pero entonces habÃa un romanticismo que ahora es dudoso. A los niños hoy se les enseña que expresarse a través del arte es también una forma de hacer dinero. Nosotros nos expresábamos a través del arte por necesidad, y hasta que no estabas diez años ensayando y tocando, no llegabas a rozar la cresta del éxito. Hoy hay más talento que antes. Posiblemente esté más democratizado, más universalizado. En otro tiempo, el talento sólo crecÃa en determinados cÃrculos o puntos geográficos. Si me pregunta qué es mejor: el romanticismo de antes o la praxis de ahora… Yo creo que hay que buscar un término medio. Y una cosa importante: lo que da Internet es la posibilidad de encontrar un par en cualquier parte del mundo. Lo formidable es que podemos buscar y crear nuestro público más allá de los circuitos del mercado. Incluso más allá del tiempo: Hoy, como el producto no pesa, se puede almacenar. Si hay un sector hecho a medida para la llamada economÃa de la larga cola (long tail economy), ese es el cultural. Una persona en Seúl debe poder tener acceso al primer disco de Lluis Llach. Si uno va a El Corte Inglés no lo encuentra. Ésta es una de las equivocaciones que ha cometido la industria: en vez de poner a disposición del público (con mecanismos de mercado, por supuesto) todo ese inmenso catálogo, lo descataloga. Llega la economÃa de la larga cola y hay poco producto a disposición de muchos más compradores.
– Usted habla de talento... En algunos sectores, como el cine, hay quien acusa a los creadores de déficit en este sentido.
– Vivimos en un paÃs al que siempre se le ha reconocido el talento. Después de tantos miles de años de mestizaje, no podÃa ser un paÃs normal, y hay sedimentos muy propicios para que el español sea imaginativo, hasta cierto punto visionario. Existe un valor de transgredir, ganas de proyectar las propuestas en un sentido universal. Hoy España es uno de los paÃses del mundo con más talento en sus yacimientos. Estamos en el G-8 por tamaño de economÃa, y estamos también en el G-8 por tamaño de cultura. Es quizá el elemento estratégico que mejor configura la imagen de marca del paÃs. Hay talento e ideas innovadoras, aunque falta mejorar la industria cultural. Falta desarrollar los nuevos públicos, y tal vez hay un déficit en detectar dónde están los nuevos talentos. Tenemos además la cadena de valor añadido para convertir el talento en una herramienta formidable para crear esa imagen de marca.
– La necesidad de mejorar las industrias culturales, ¿tiene que ver con el hecho de que algunas –la discográfica o la cinematográfica– no estén respondiendo a las nuevas posibilidades?
– Sin duda. Algunas han sido lentas, soberbias y no han tenido ninguna visión de futuro. Pero una cosa es la industria, y otra los creadores. Los creadores son la infanterÃa que trabaja cada dÃa, buscando público.
– Sobre la captación de nuevos públicos, hay quien dice que la industria de la cultura no cuenta con verdaderos expertos en atraer a las nuevas audiencias. ¿Saben los autores captar a ese público? ¿DeberÃan tener una mentalidad más comercial para aprovechar las nuevas oportunidades?
– Mi punto de vista personal es que sÃ. El autor no puede dejar de ser un ciudadano; no se puede entender a un autor aislado que no está en la batalla de las ideas del dÃa a dÃa. En ese punto, mejor que sea un autor que conoce las tensiones del mercado que no un autor que, desde su independencia, quiere probar a ver si acierta. Está bien que uno se curta a través de esos aciertos y errores, pero los tiempos son otros, y no hay tanto tiempo como antaño. Hace años, una hora, un dÃa, daban para muchÃsimo. Tenemos cada vez menos tiempo, pero tenemos cada vez más distracciones. El reto es desarrollar nuevas audiencias, y aquà España tiene mucho recorrido. Y tenemos un público objetivo para el entretenimiento 14 ó 15 puntos por debajo de la media europea. Pero el otro reto es descubrir el talento de las nuevas propuestas, de los heterodoxos, de las vanguardias que van a romper los compartimentos y las convenciones.
– Habla del autor que conoce las tensiones del mercado. Pero ese mercado, las nuevas tecnologÃas, las posibilidades de las que goza el público, empiezan a superar a los propios autores, y a la industria cultural. El público puede tener la sensación de que no se le satisface, y los autores de que todo esto les supera.
– Cuando nació la radio, el impacto social fue más traumático que el de las nuevas tecnologÃas. Los sectores creativos saludaron al nuevo medio como la mayor amenaza que podÃa aparecer, porque la gente ya no tenÃa que ir a un teatro o a una sala de conciertos… Y se creó una gran incertidumbre. Cuando apareció la televisión todo el mundo pronosticó la muerte del cine, y al llegar Internet hubo una interpretación catastrofista y otra que hablaba de una nueva oportunidad. Los artistas, en general, deben ver las nuevas tecnologÃas como una oportunidad y no como una amenaza. Quien ve las nuevas tecnologÃas como una amenaza son aquellas empresas mastodónticas, con un modelo de negocio basado en que el soporte fÃsico era lo que iba a permitirles consolidar su mercado. Ahà se equivocan. No es justo pensar que el creador no ha entendido los cambios. Yo aseguro que los primeros que han utilizado las nuevas tecnologÃas han sido los creadores. Los primeros que la conocen y la domestican. Pero hay un punto de desequilibrio en el que uno ha de pedir reglas de juego. La obra de los creadores no puede desaparecer de la cadena de valor añadido, y el creador no puede dejar de ser un eslabón en ella.
– ¿Cuál es el futuro de las industrias culturales en español?
– Nuestra lengua nos permite definir un mercado de un tamaño muy estratégico. Además, tenemos una cultura muy diversa, y la industria de la cultura formal (los grandes grupos de comunicación, los grandes centros de producción, y todo lo que se refiere a la gestión de contenidos) está en uno de los mejores momentos de la historia. En España hay 3 ó 4 grupos que ya empiezan a ser importantes a nivel internacional, que tienen alianzas estratégicas y que miran a América Latina con complicidad. Esto genera un sentido de lo panhispánico. No podemos competir con la organización francesa o alemana, ni poseemos la capacidad que tienen los ingleses de disfrutar a su vez de una lengua vehicular comola suya. Pero podemos librar esta batalla en mejores condiciones con mexicanos, argentinos, incluso brasileños, e hispanos de Estados Unidos. Cómo nos va a hacer esto más ricos, o cómo va a influir en el PIB o en el tamaño de la economÃa... Hemos hecho un estudio que lo sitúa entre el 4,5% y el 5% del PIB basado en la riqueza vehicular de la lengua.
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