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15-02-2008

Manuel Pimentel
Editor y escritor.

El salto a escena y la erótica del poder

Montse Mateos / Madrid.

Habla Pimentel de la erótica del poder como algo que no le es ajeno. La pérdida del anonimato fue parte del precio que tuvo que pagar cuando accedió a un puesto de responsabilidad pública, una escuela en la que ha aprendido a medir mucho sus palabras. "Tanto el empresario como el político trabajan muchas horas, no comparto la visión del político indolente que no trabaja. Sin embargo éstos, a diferencia del empresario profesional, tienen la presión de la responsabilidad por el cargo que ocupan y la presión de los medios. Nunca debes de olvidar que estás en escena, necesariamente tienes que asumirlo. Lo que digas o lo que hagas está sujeto a múltiples interpretaciones".

De esta notoriedad aprendió lo que era el poder: "Percibí que tenía poder porque era capaz de iniciar debates. Hablaba de una estrategia en una rueda de prensa y ya era objeto de conversaciones a todos los niveles. Esa capacidad de generar debate es la percepción de poder más fuerte que he tenido", recuerda el exministro de Trabajo y Asuntos Sociales. Pero también reconoce que ahora, como editor, también ha vuelto a encontrar ese papel relevante en los libros: "Desde el punto de vista económico, el ámbito editorial es pobre. Sin embargo, tiene una influencia no comparable con la de la prensa, pero sí más profunda y difusa".

Ya sea en el pasado como político o en el presente como editor, reconoce que ese poder le da un poco de vértigo. "El editor, a diferencia del escritor, tiene una ventaja y es que no suele tener cara. En nuestro caso somos una empresa sin una línea de pensamiento definida. Creo en la libertad de expresión y, por lo tanto, soy enemigo de los debates maniqueos lo bueno y lo malo, lo mío y lo tuyo... de hecho edito a personas con cuyo pensamiento difiero. Mi responsabilidad reside en sacar a la luz y colocar en las librerías obras que, de otra manera, quedarían olvidadas en un rincón".

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