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08-02-2008

César Nombela
Catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense

"Algunos científicos pueden caer en la venta de falsas expectativas"

César Nombela, catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense

Comunicar el verdadero valor de la ciencia; fomentar la interacción entre investigación y empresa; dotar a la primera de recursos; saber retener el talento o gestionar sobre la base de los resultados... Estos son algunos retos que propone César Nombela para el futuro científico.

Tino Fernández / Madrid

Su maestro, Severo Ochoa, le transmitió "el entusiasmo por el conocimiento y la emoción por descubrir". César Nombela, ex presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y catedrático de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense, que dirige actualmente su Fundación General y la cátedra extraordinaria de Genómica y Proteómica, mantiene esa motivación, y lo demuestra cuando asegura que "ser el primero que sabe algo sobre la naturaleza es una enorme satisfacción intelectual que sólo el investigador puede experimentar". Quizá eso le compense en un país que paga más a sus futbolistas o a famosos de medio pelo salidos de los reality shows que a los científicos a quien dice admirar en las encuestas.

¿Cómo vive un científico en España el hecho de que ese prestigio social de los científicos e investigadores no se corresponda con la compensación económica que reciben por su trabajo?
En España tenemos que seguir avanzando en todo aquello que se refiere al aprecio y a la valoración social de la labor del investigador, a pesar de que las encuestas digan que los científicos, junto con los médicos, están entre los profesionales mejor valorados. Lo que ocurre es que en una cultura de masas, personas muy célebres del deporte u otras facetas mantienen una presencia en los medios que les permite alcanzar sueldos astronómicos. Sus retribuciones dejan en un lugar injusto la compensación que reciben quienes se dedican a trabajar para hacer avanzar el conocimiento.

Dicho esto, también es verdad que en algunos campos científicos cada vez puede haber más personas que logran cierta celebridad, porque saben transmitir con mucha eficacia que su trabajo abre realmente nuevas fronteras y que puede ser la base de nuevas soluciones y desarrollos para ciertos problemas.

En estos momentos, alguien como Craig Venter (el descubridor del genoma humano) ha alcanzado ese grado de notoriedad, que a algunos les puede parecer excesiva.

Hablando de Craig Venter y de la exposición mediática... ¿Quiénes son los líderes en la ciencia de hoy?
Los líderes científicos son aquellos que han acreditado capacidad de avanzar en su terreno, y suficiente generosidad para aplicarse a promover la tarea de mucha gente.

Hay científicos que tienen un liderazgo merecido y hay otros que pueden incidir demasiado en una imagen basada en despertar falsas expectativas. La opinión pública debe recibir una información clara acerca de cuáles son los alcances de la ciencia y qué se puede esperar de ella. Pero hay un mundo muy sutil, y no cabe duda de que algunos investigadores pueden caer en la tentación de vender algo que no tienen; básicamente expectativas injustificadas. De todas formas, la comunidad científica tiene capacidad de evaluar las posibilidades de cada cual y de poner a cada quien en su sitio.

Por eso resulta vital el maridaje entre la comunicación pública y fiable de la ciencia y la percepción clara de cuál es el valor de la investigación y cuáles son sus posibilidades.

Cada vez más, las empresas se preocupan por adaptarse para recibir a las nuevas generaciones (las llamadas X e Y), que muestran una concepción del trabajo, de la vida, del compromiso profesional y de las perspectivas laborales muy diferente a lo que se conocía. ¿Se nota la incidencia de esos planteamientos en el mundo científico?
Necesitamos inculcar de forma creciente a los universitarios las peculiaridades de la situación del mundo del trabajo, los esfuerzos que son necesarios y la preparación que se requiere para trabajar en las empresas, que demandan más y mejor conocimiento. En este sentido, creo que necesitamos intensificar el diálogo entre la Universidad y la empresa. En el ámbito académico se ha percibido a veces una tendencia global a un facilismo exagerado que luego hace que el estudiante lo pague cuando llega al mercado de trabajo.

La relación entre investigación y empresa en España, ¿es la adecuada?
Claramente, no. Hace falta incrementar la interacción y fomentar que el resultado sea en beneficio de todos, porque el sector privado también puede ser un proveedor de recursos para el sector público investigador, y éste puede beneficiar mucho a la empresa.

Hacen falta nuevas políticas e iniciativas, pero tampoco se puede trasplantar un modelo como el estadounidense.

Usted ha sido presidente del CSIC, y también sabe lo que supone la investigación privada. ¿Cuál debe ser el peso de lo público y lo privado en la investigación?
Un país que quiere acertar tiene que lograr un equilibrio entre investigación pública y privada. La pública tiene un papel fundamental, que es fomentar la libre creación de conocimiento. Pero debe operar también un libre mercado de ideas y capacidades, de forma que los científicos sean capaces de encontrar apoyo. Y hace falta un sistema privado industrial como parte de la iniciativa social que rentabilice el conocimiento. Esto se traduce en lo que ocurre en los países más avanzados científica y técnicamente, y que hacen de ese avance un factor importante para su desarrollo económico. En ellos, la creación de conocimiento desde el sector público aporta hallazgos y avances... Y hay un sistema industrial capaz de rentabilizarlos y de beneficiarse. Esa articulación no se logra de la noche a la mañana. Ha de irse creando de forma cada vez más firme.

En España estamos lejos de esa situación, porque la investigación del sector privado industrial representa un 50%. Algo más del 50% en ejecución de gasto, y algo menos del 50% en financiación. Es decir, que el erario público financia más de la mitad de la investigación y ejecuta un poco menos de la mitad. Es evidente que las políticas públicas tienen que ocuparse de eso. No basta con que el Gobierno diga que ha puesto más dinero en investigación. Tiene que aplicar políticas que estimulen a la empresa innovadora, que fomenten que esa empresa encuentra las mejores condiciones; debe protegerse la propiedad intelectual... Y cada sector tiene sus connotaciones específicas. Cada sector requiere políticas propias y específicas. En España, una de las razones de que sigamos en el 1,2% del PIB de inversión, cuando deberíamos estar en el 2%, es que no se ha producido suficiente desarrollo.

Se suele hablar de la importancia de los recursos económicos… ¿El dinero lo es todo?
No, no lo es, pero resulta imprescindible. En ese sentido, las cifras cantan. En España seguimos en el 1,2% de esfuerzo inversor en relación con el PIB. No es ni mucho menos lo que había prometido el Gobierno, que había dicho que creceríamos un 25% en esta legislatura, y al concluir estaríamos en el 2%. Y no ha sido cierto.

Al final de 2006, la primera cifra consolidada, es el 1,2%, muy lejos de ese 2%, que no es ni mucho menos el objetivo: Para el año 2010, el objetivo es el 3%. Necesitamos más recursos. El crecimiento ha sido insuficiente. Ésta es una conclusión clarísima. Aunque a veces se dice que los presupuestos han crecido un 25%, realmente el crecimiento efectivo ha estado entre el 12% o el 14%. Y eso para Alemania sería fantástico, porque está en niveles muy elevados. Para nuestros todavía bajos y precarios niveles de investigación es poco. Tenemos ya una tarea científica estimable; contamos con una comunidad científica que tiene visibilidad internacional... Por eso podemos constatar con más claridad lo que nos falta; y lo que nos falta es construir la otra parte del puente; el segundo despegue... Y no se está haciendo lo necesario para que eso se produzca.

Por lo que respecta a la reforma de la organización científica, hace falta una transformación de la Universidad, de los organismos públicos de investigación… En la Universidad, la investigación debe pesar más en la gestión. La investigación ha de ser reconocida como una tarea más exigente. Se necesita que organismos como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) hubieran emprendido la reforma que necesitan, que no es la que se ha hecho con la Ley de Agencias. Esta ley es un marco para muchas instituciones, -tanto científicas como de otro tipo- que son insuficientes; no le confiere a esos organismos la capacidad de gestionar su personal con más autonomía.

Seguimos ligados a los esquemas generales de organización del Estado. Necesitamos asimismo una mayor creación de plataformas de transferencia del conocimiento. Sobre todo se ha de mejorar la rentabilidad de nuestra creación de conocimiento. Sigue pendiente avanzar en este sentido, y hacen falta medidas eficaces. Continuamos con un déficit exterior pavoroso, que sólo se puede contrarrestar con una mayor competitividad. Y la competitividad pasa por una mayor formación y una mayor tarea de investigación científica y técnica, armónicamente articulada.

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