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Periodista y escritor
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elmundo.es

16-05-2008

Antonio Peñalver
Socio director de Psicosoft.

El talento no es cuestión de azar

Utilizando un género poco usado en el cine, pero que tantos éxitos ha dado, como es la temática de juegos en casinos, '21 Black Jack' nos ayuda a reflexionar sobre las claves para captar y gestionar el talento inmaduro.

Esta trepidante aventura, basada en el libro de Ben Mezrich Bringing Down the House: The Inside Story of Six M.I.T. Students Who Took Vegas for Millions, que, a su vez, se sustenta en una historia real, nos cuenta las aventuras de un tímido y brillante estudiante del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Este joven es captado y entrenado para unirse a un grupo de estudiantes de la escuela de expertos en el arte de contar cartas y que, bordeando la ley, viajan a Las Vegas cada fin de semana, inclinando las probabilidades de éxito en el black jack a su favor y ganado millones en los casinos de la ciudad.

La película, desde el punto de vista de la gestión empresarial, es una buena forma de analizar las similitudes que puede tener con la gestión de jóvenes talentos en las organizaciones.

Claves para reclutar eficazmente
Si consideramos que el talento es un bien escaso en el mercado laboral, muchas compañías tienen claro el perfil de profesionales que necesitan, pero no saben cómo captarlos, bien porque no saben realmente qué ofrecerles, o bien porque no saben cómo identificarlos.

El principal protagonista, Ben Campbell -interpretado por un prometedor Jim Sturgess-, es un estudiante de la Generación Y con talento y unos valores muy determinados. Es reclutado de forma eficaz en tres aspectos: acudiendo a una adecuada fuente de reclutamiento, utilizando herramientas eficaces de identificación de potencial y sabiendo ofrecerle los adecuados factores de vinculación con el proyecto.

En la película, Ben es captado en una de las fuentes clásicas y eficientes de reclutamiento de jóvenes con alto potencial: una prestigiosa escuela de negocio, como el MIT.

Además, Ben es identificado como el candidato ideal a través del análisis riguroso de su historial y de la aplicación de las pruebas de evaluación adecuadas. En este último aspecto, el poco ortodoxo profesor de matemáticas, genio de la estadística y líder de este curioso equipo, Micky Rosa -interpretado magistralmente por Kevin Spacey-, desarrolla una prueba en clase que permite mostrar conocimientos, habilidades y rasgos personales que va buscando en la joven promesa.

Una vez que el candidato ha sido identificado, el profesor sabe captarle haciendo converger el interés del mismo con los objetivos del proyecto. La selección se hace siguiendo un proceso medido de impacto, oferta y negociación donde, junto a la retribución dineraria, se ofrecen grandes dosis de retribución emocional.

No hay nada que motive más a un profesional que saber lo que se espera de él, las reglas de juego a seguir y recibir el apoyo necesario. Y en una primera etapa, el profesor y líder, que sigue un esquema clásico de liderazgo situacional, sabe cómo instruir primero y delegar después en el campo de juego: es coach y mentor a la vez; sabe instruir y transmitir visión, y se apoya en la comunicación verbal y no verbal, para influir de forma en el joven talento.

Sin embargo, la película nos da otra lección respecto a la gestión del talento. Como en el celuloide, cuando un joven talento, a pesar de las destrezas que haya adquirido, se ve sobrepasado por las circunstancias y sus emociones, puede errar y también buscar su salida al margen del proyecto.

Y en ese caso, sólo un supervisor que se implica activamente y predica con el ejemplo -algo que no hace nuestro profesor en ningún terreno, ni siquiera en el ético-, puede orientar y canalizar esa fuerza desbocada. En gran parte, la salida de las organizaciones por parte de los jóvenes con potencial se debe a la falta de modelo y de liderazgo.