

06-12-2007
LEONES POR CORDEROS
En esta cinta, Robert Redford demuestra, a propósito de la intervención americana en Afganistán, la acuciante necesidad del mentoring para identificar y orientar el talento.
Ignacio GarcÃa de Leániz, consultor de comportamiento humano.
Las distantes cordilleras afganas donde se libra una guerra tan ignorada como vital para Occidente, hilvanan dos conversaciones que van discurriendo en paralelo a uno y otro lado de Estados Unidos. En la Costa Este el senador Irving -Tom Cruise- intenta ganar para la causa de su nueva estrategia militar en Afganistán a la influyente periodista Roth -Meryl Streep- con argumentos varios. Mientras que en California, un sexagenario profesor de Ciencias PolÃticas de la universidad pública, excombatiente en Vietnam y contestatario de los 60 -Robert Redford- procura también por medio de la palabra que su alumno con mayor potencial -Garfield- no abandone por indolencia sus estudios y, por ende, su verdadera vocación por la cosa pública.
La voz de la experiencia
Y es este segundo cara a cara entre profesor y alumno donde Redford, con la vitola que le da pertenecer a la corriente liberal americana, se permite mostrarnos todo un proceso de mentoring -metodologÃa de aprendizaje interpersonal donde se asigna una persona con experiencia y conocimiento que apoya a un empleado a comprender su desarrollo profesional- orientado a un discÃpulo suyo de elevado talento y potencial pero que participa a su vez de los rasgos prototÃpicos de la Generación Y. Recientemente, la revista Fortune (Atracting the twentysomething worker, 15-V-07) la sintetizaba asÃ: altamente orientados al yo, desentendidos de su responsabilidad social, amigos de los resultados inmediatos y evitadores de los trabajos rutinarios en pro de la variedad de tareas y un escaso sentido del compromiso hacia la empresa empleadora. Redford, poco amigo de los paliativos, añade sin ambages una caracterÃstica más: su bajo nivel de conocimientos, como denuncian vergonzantemente en una escena sus dos alumnos más aventajados.
En España esto se ve agravado por los frutos de la Logse que ya se padecen en la realidad empresarial y, por otra parte, ya es un clamor en las direcciones de recursos humanos y especialmente en sus departamentos de formación y selección, convertidos en auténticos sismógrafos de las mutaciones socio-laborales.
La insólita decisión de dos de sus mejores alumnos becados en Ciencias PolÃticas de marchar a la impopular guerra de Afganistán como forma de revertir el esfuerzo que la sociedad ha hecho por ellos (por ejemplo, con los 30.000 dólares al año de coste neto de sus matrÃculas), actuará como revulsivo en el propio profesor para iniciar con su alumno Garfield un proceso de recuperación y reorientación. Esta tarea de mentoring es a su vez asumida por Redford como una función inexcusable más de su propio cargo y forma parte de la tasa interna de retorno que también él ha de ofrecer a su organización, en este caso, la propia Universidad de California.
El precio de la madurez
Toda la conversación con el pupilo se basará en hablar y tratar a su joven alumno como un adulto: sólo desde un planteamiento tal tiene sentido las exigencias de responsabilidad y compromiso con la tarea, organización y entorno que jalonan la entrevista. Y es este golpe de realidad asestado por su profesor, originado por la epopeya de los alumnos enrolados en Afganistán, lo que hará al estudiante Garfield hacerse cargo de su "incompetencia consciente" y reconocerse a sà mismo que su desmotivación no viene tanto por su falta de conocimientos (él sà sabe), ni por falta de medios (él sà puede), sino por un problema de voluntad (él no quiere), lo que en definitiva atañe a la esfera de la libertad y responsabilidad. El mentor -Robert Redford- ha rescatado a su alumno del paÃs de Nunca jamás, lo ha confrontado consigo mismo y le ha puesto en la tesitura de elegir: en definitiva, le ha dado el pase a la madurez.
Redford viene a coincidir asà con aquello que a Ortega le parecÃa el peor pecado de nuestro tiempo, tan extendido hoy en la empresa debido en gran parte al mismanagement de los 90: el "juvenilismo" o halago interesado de la juventud, cuya consecuencia serÃa el señoritismo eternamente insatisfecho que tanto florece en nuestros entornos laborales. Sólo Robert Redford -y Clint Eastwood a estas alturas- podÃan recordarnos todo esto junto con el valor del compromiso profesional sin que se escandalicen los bienpensantes.