

12-07-2007
Ocean's 13
Las tecnologías de la información condicionan nuevos espacios y nuevas formas de trabajo. En la tercera entrega de las aventuras de la banda de Daniel Ocean, los avances tecnológicos vuelven a jugar un papel importante, como lo hacen en los trabajos del mundo real.
Jaime Méndez, arquitecto de 3G office
En la última entrega de Ocean´s, un consultor carísimo le dice a Rusty y a Danny que el “trabajo” no es posible. Ellos son buenos, los mejores en lo que hacen, pero se han quedado atrás, son dinosaurios analógicos en la era digital. Se enfrentan a un reto nuevo: el programa informático El Greco que es capaz de controlar todo un edificio, más allá de las posibilidades de los mejores ladrones de Las Vegas.
A partir de aquí, el golpe se convierte en un enorme esfuerzo por unir los medios físicos dedicados a abrir puertas invulnerables, escalar los huecos de los ascensores, volar cajas fuertes y perforar con mega excavadoras, con los medios virtuales y el trabajo a distancia. Los portátiles interconectados desde la habitación del hotel, o el acceso inalámbrico desde la terminal del aeropuerto, se vuelven tan importantes como estar en el lugar adecuado y en el momento justo.
El espacio de trabajo cambia con las tecnologías que se incorporan a él, y si el teléfono de Graham Bell hizo posible el edificio de oficinas, al comunicar a los hombres de negocios agrupados cómodamente en el centro de la ciudad con sus fábricas en la periferia, las tecnologías de la información han sometido a la oficina a grandes tensiones.
Por un lado, su influencia y la conectividad que se ha derivado de ellas, ha hecho posible que se pueda trabajar desde el hogar, y la oficina actual trata de competir con este espacio ofreciendo una cara más amable. Las empresas ofrecen espacios para descansar y servicios complementarios a los del hogar, como salas de estar y lugares para los niños, espacios que no por casualidad comenzaron a aparecer en los grandes grupos de informática, software y telecomunicaciones.
Por otra parte, la ubicuidad de las redes de comunicaciones ha hecho posible estar conectados prácticamente en cualquier parte. Ante esta posibilidad, que desplaza el trabajo hacia espacios cada vez más abiertos, los centros de trabajo han intentado emular la dinámica y vibrante lógica de las ciudades, adoptado en su interior los bulevares, las calles y las plazas, espacios de encuentro donde potenciar la energía de la actividad en equipo y la sinergia interactiva.
Porque esta nueva oficina, hogareña, urbana y flexible, no deja de ser el lugar de encuentro en el que nos identificamos como un colectivo, la imagen que nos une y nos hace reconocernos como parte de un grupo. En el filme en cuestión, Daniel Ocean y sus chicos se reúnen en una mesa redonda para tomar las decisiones de trabajo. Después realizan el trabajo individual a distancia, o se organizan en pequeños grupos temporales, coordinados y enlazados por medios tecnológicos que permiten crear entre ellos una red coherente y compleja.
Tanto en la realidad de Ocean como en la nuestra, los espacios de trabajo virtuales y los reales se han mezclado tanto que es prácticamente imposible separarlos. No se trata sólo de las salas de reuniones u oficinas virtuales de Second Life, la videoconferencia o la ubicuidad del móvil; la mezcla de realidad y mundo virtual está creando lo que algunos llaman, una realidad aumentada, en la que nuestros sentidos perciben una superposición de información virtual sobre el mundo real.
La escena cumbre del filme, el momento en el que se consuma el golpe, da una buena idea de la realidad que se avecina: las analógicas sonrisas de los ganadores, se superponen magníficamente con las digitales cifras de los montos ganados, para darnos en una sola imagen la idea global del momento de cambio que vivimos. Queda aún por ver, experimentar y diseñar, las posibilidades que nos ofrecerán estas nuevas realidades a nosotros y a nuestros espacios de trabajo.