

28-01-2006
Juan San Andrés
Asesor de
Dirección en Capital Humano, Rendimiento y Organización.
La conexión entre el abandono de la carrera por parte de las mujeres y el techo de cristal está clara. Pierden el interés porque saben que ?arriba? acabarán frenándoles.
Hace algo más de 20
años que se acuñó la expresión The glass
ceiling (techo de cristal) para referirse a la barrera
imperceptible que permite a las mujeres avistar las cimas de
la carrera profesional en las corporaciones pero no
alcanzarlas. La expresión es acertada , al dejar
entrever sin explicitarlo, un callado pacto entre quienes
toman las decisiones (varones) para impedir la presencia de
mujeres en la dirección. Desde entonces, han cambiado
muchas cosas: la globalización se ha generalizado,
Internet, el boom de las tecnologÃas, la explosión
de la burbuja, la aparición de China e India en la
escena económica y, como consecuencia, la
revolución del talento.
Desde
que en 1997 tres consultores de Mckinsey publicaron La
guerra por el talento, muchas compañÃas siguieron
sus recomendaciones, haciéndose eco de la urgencia para
tomar posiciones de ventaja ante la previsible escasez de
ese recurso crÃtico para el éxito: el talento.
Las olas de renovación habidas desde 1985 podrÃan
haber transformado la manera de pensar sobre la presencia de
las mujeres en la dirección. No ha sido asà ; y no
porque el énfasis en el talento haya disminuido, de
hecho Mckinsey acaba de publicar The war for talent. Part
two, donde muestra cómo las transformaciones ocurridas
han acrecentado la necesidad del mismo.
Es racionalmente incomprensible que las empresas
convivan con el desperdicio de capacidad que supone la
existencia del techo de cristal. El asunto es tan serio que
en Estados Unidos, desde finales de 2004 , medios como el
New York Times, le han dedicado creciente atención y
se preguntan si puede permitirse tal sangrÃa de
capacidades. Su preocupación no es sólo porque
siga habiendo muy pocas mujeres en los comités de
dirección sino porque se ha constatado que hay una gran
proporción de ellas que, teniendo las más altas
cualificaciones académicas, abandonan brillantes
carreras .
Un estudio realizado por
Sylvia Ann Hewlett y Carolyn Buck sobre una muestra de
profesionales de alta cualificación, muestra que el 37
por ciento de las mujeres abandonaron su carrera frente al
24 por ciento de los hombres. La estadÃstica llega al
43 por ciento cuando se trata de mujeres con hijos. Aún
más impactante es que, de las mujeres de la
promoción de 1981 de la Universidad de Standford, el 57
por ciento tiró la toalla. Parece clara la
conexión potencial entre el abandono de carrera y el
techo de cristal. Al parecer las mujeres irÃan
perdiendo interés por mantenerse en un un carrera que
?arriba? terminaran frenando.
Las autoras del estudio confirman que
éste puede ser el caso ya que mientras el 53 por ciento
de las mujeres más jóvenes (de 28 a 40 años)
se reconocÃan muy ambiciosas profesionalmente (similar
porcentaje al masculino), sólo el 37 por ciento de las
mayores (41 a 55 años) lo hacÃan . Otra autora,
Ana Fels, explica la progresiva falta de interés y
ambición que las féminas experimentan con la edad
por la falta de reconocimiento.
Ello
actuarÃa como el detonante de un cÃrculo vicioso
que, en forma de profecÃa de autocumplimiento,
harÃa que, al ver la mujer que es poco considerada para
puestos de dirección, pierda interés, sea menos
reconocida y dé la razón a quienes les ignoran por
lo que sus posibilidades disminuyen aún más. Las
soluciones son ya conocidas, de hecho se observa una
moderada pero creciente tendencia en grandes
compañÃas, también en España, a
favorecer el reconocimiento de las mujeres y ,sobre todo, a
poner en marcha las polÃticas de flexibilidad
necesarias para que las mujeres con niños puedan dejar
su profesión y volver más tarde con unos horarios
adecuados, sin que ello suponga un estigma imborrable en su
trayectoria ni una mengua de salario imposible de salvar en
el futuro, como ocurre en la actualidad .
Ningún/a directivo/a, y menos en recursos humanos,
deberÃa asistir complaciente a reuniones donde a las
mujeres de valÃa se les saca, entre bromas e
ironÃas, de las listas de candidatos a alta
dirección porque no se quedan hasta tarde en la
oficina. También los consejeros tienen una gran
responsabilidad en esto, ¿no les llama la atención
que haya tan pocas directivas? ¿No les preocupa el
derroche de talento que las prácticas de
segregación silenciosa siguen produciendo?
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