

26-04-2006
Extrovertido, con dotes de mando y liderazgo,el director de orquesta debe ser ante todo un buen músico y convencer a su equipo de que el camino elegido es el acertado.
Ana Colmenarejo / Madrid.
Antes de llegar a ser un buen director de orquesta, es necesario ser un músico de calidad. Para Josep Pons, director artístico y titular de la Orquesta y Coro Nacionales de España, "lo de ser un buen músico no siempre se cumple; lo musical debe ser orgánico, no forzado". Para Pons es fundamental la condición de líder porque "no es un solista. Debe convencer a los demás de que aquél es el camino acertado". Añade que "una orquesta puede ser una máquina implacable a la voz de uno, la mejor labor de equipo que existe". Además de todo esto, el director debe conocer muy bien los instrumentos, "esto no quiere decir que sepa tocarlos", dice Pons, sino "saber qué puede pedir a cada instrumentista y hasta dónde debe exigirle".
Aparte de cursar la carrera de Música, la especialidad de director de orquesta exige unos estudios de cinco años. La dirección de orquesta no se pudo enseñar en España hasta 1970. Enrique García Asensio, director titular de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid, fue el primer catedrático de esta especialidad en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. García Asensio explica que en esta profesión hay determinadas aptitudes que se pueden aprender y otras que dependen de la condición natural, "como ser extrovertido y tener mucha psicología para poder tratar con los miembros de la orquesta". Afirma que los ensayos son fundamentales: "La orquesta es el mayor conjunto de imperfecciones que existe, porque cada instrumento es imperfecto y, por supuesto, el ser humano también". Añade que "con la idea que el director tiene en la cabeza, lo que él quiere oír, debe conseguir dar vida a los grafismos que hay en la partitura". La música es un idioma internacional: "No importa la nacionalidad de la orquesta. Yo he dirigido en Japón y no tuve problemas", asegura.
Saber escuchar, anticiparse al sonido e ir siempre por delante para corregir errores es para el director José de Eusebio, una de las características clave de esta profesión. De Eusebio explica que, por un lado, está la parte interpretativa, "donde ofreces tu visión de la obra" y después está "la parte gestual, que es la parte técnica de la dirección donde se requieren cualidades previas de coordinación que van con el individuo. Las demás se pueden desarrollar, como la independencia de las manos y del cuerpo y la citada anticipación al sonido". Afirma que esta parte técnica es la que él llama "la del guardia de tráfico: todos tienen que ir juntos y lo tienes que conseguir sin hablar. Cada miembro de la orquesta desarrolla un sonido, según tus gestos". Afirma que si cinco estudiantes de dirección de orquesta dirigen el mismo pasaje, se obtienen cinco versiones diferentes en el sonido: “La orquesta reacciona al físico del director de cinco maneras distintas”.
Romanticismo
De Eusebio explica que la figura del director de orquesta nace con el Romanticismo, "porque las orquestas empiezan a crecer y el concertino –el violinista primero– ya no vale; hacía falta alguien especializado que controlara a una masa de músicos. La dirección romántica se inventó por una cuestión práctica".
En cuanto al uso de la batuta, se entiende "como una extensión del brazo, pero siempre se ha utilizado por razones fundamentalmente visuales y técnicas. En el foso de un teatro de ópera, por ejemplo, el coro o el solista pueden estar a unos cuarenta metros del director, por lo que no le verían si sólo utilizara el brazo", concluye.
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