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26-04-2006

Diseñador de interiores: la pasión por crear espacios únicos

Los decoradores de interiores son diseñadores de espacios que, más allá de la estética y la moda, buscan la creación de lugares adecuados para desarrollar una actividad.

Montserrat Mateos / Madrid

El premio de todos los decoradores o diseñadores de interiores es ver la culminación de su proyecto. "Es como un hijo que ves crecer poco a poco, con sus buenos y malos momentos, hasta que llega a la madurez", explica Enrique Ovejero, director general de la Escuela de artes decorativas de Madrid. El trabajo de estos profesionales consiste en adecuar un espacio arquitectónico para un uso determinado que permita el desarrollo de una actividad en condiciones. Barcos, viviendas, establecimientos comerciales, hoteles, iglesias, museos, teatros... y un largo etcétera integran el campo de acción de los diseñadores de interiores.

Existen dos vías para conseguir el título de decorador de interiores: a través de los estudios superiores de diseño –se necesita estar en posesión del título de bachillerato de la Logse–; o de los ciclos formativos de grado superior en proyectos y obras de decoración –FPII–. Historia del arte, psicosociología del entorno, ergonomía, estudio de instalaciones o materiales constituyen algunas de los temas que comprenden estos programas formativos.

Diseño e imaginación
Estos profesionales están facultados para realizar proyectos que no afecten a elementos estructurales resistentes –pilares, forjados– o instalaciones de uso común de la obra principal. Estas especificaciones se recogen en el RD 902/1977 de 1 de abril de facultades profesionales de los decoradores. Por otra parte, el decreto 893/1972 de 24 marzo establece la creación del colegio oficial de decoradores. Para ejercer es obligatoria la colegiación. La matrículo oscila entre los sesenta y los ochenta euros, y luego hay que hacer frente a unas cuotas mensuales en función del colegio y de si el profesional es autónomo o ejerce por cuenta ajena.

"En cualquier caso es un trabajo que va más allá de la moda y la estética, tiene una carga de gestión importante. El decorador tiene que tratar con albañiles, clientes, pintores, conocer el entorno, la iluminación y adecuar el espacio al uso que se le va a dar. Además, tiene que conocer la normativa municipal para la ejecución de determinados trabajos", añade Ovejero. Y no sólo eso, también grandes dosis de imaginación y adaptación a las demandas del cliente.

"Como estudiante te limitas a crear, sin ningún tipo de cortapisas. Pero a pie de obra hay que tratar con el cliente, a veces educarlo. Una cosa es lo que solicita y otra, muy distinta, lo que se puede hacer", señala Irene Mestre, directora de la Escuela superior de diseño de las Islas Baleares, la primera oficial de estos estudios en España. "También hay que ajustarse a un presupuesto, un reto cuando se ajustan mucho las cifras", dice Ovejero.

La carrera profesional de los decoradores suele comenzar por cuenta ajena, de la mano de los más veteranos, o en grandes superficies comerciales. "Es lo más prudente y enriquecedor antes de lanzarse por cuenta propia", asegura Mestre. No obstante, una vez conocido el sector y con una cartera de clientes, montar un estudio propio de diseño no es muy complicado. "Un ordenador, un fax y un teléfono suele bastar; de hecho, la mayoría empieza desde casa", matiza Ovejero.

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