

26-04-2006
El jefe de incendios forestales debe tomar muchas decisiones de forma rápida. Un incendio es algo imprevisto, por lo que la disponibilidad de este profesional es elevada.
Ana Colmenarejo / Madrid.
Nadie podría decir que éste es un trabajo como otro cualquiera. La jornada laboral del jefe de incendios forestales es diferente en épocas de máximo peligro que durante el resto del año. Juan Antonio García, jefe de incendios forestales de la provincia de Valladolid desde hace siete años, explica que "un incendio es una situación imprevista y de emergencia, por lo que la toma de decisiones tiene que ser rápida y equilibrada de acuerdo con la magnitud del siniestro". De esto se deduce que el jefe de incendios "no puede acomodarse a la rigidez del sistema funcionarial de horario cerrado. Por lo general, su jornada laboral se extiende bastante más allá de la jornada obligatoria", añade García, ingeniero técnico forestal e ingeniero de montes.
Lo primero que se requiere para este puesto es ser funcionario de carrera, es decir, haber superado las oposiciones a los cuerpos especiales de la administración en la escala de ingenieros técnicos forestales o ingenieros de montes. Una vez que se accede a la administración, los puestos de jefatura se consiguen en los concursos de traslados, en los que se valoran méritos específicos y antigüedad. "En el caso del jefe de sección de protección de la naturaleza (denominación oficial del puesto), se valora la experiencia en puestos de la administración forestal y especialmente en materia de incendios", explica García.
José Martos es profesor de Defensa del Monte en la Escuela de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid. Ante todo afirma que "los incendios forestales se apagan en invierno, con la prevención". Lo mismo opina Miguel Ángel Beltrán, ingeniero técnico forestal y jefe de incendios forestales de la Comunidad de Madrid: "En verano se recogen los frutos del trabajo realizado durante el año, pero siempre existen causas externas -como la metereología o la acción del hombre- que nosotros no podemos controlar".
El profesor Martos afirma que "con nuestro ámbito y condiciones, España es un país puntero a la hora de extinguir los incendios con rapidez, aunque siempre hay un porcentaje difícil de combatir, cuando no hay humedad relativa en el aire y el viento es fuerte". Explica que se trata de una especialidad en la que "cada vez hay más alumnos interesados, sobre todo debido al mayor número de incendios en España, una media de veinte mil al año". En Defensa del Monte, que se imparte en cuarto curso de Ingeniería de Montes, Martos enseña a sus alumnos los fundamentos de los incendios (causas, estadísticas); la física (cómo se propaga y comporta, los elementos que intervienen); y la defensa del monte de este azote (vigilancia y detección, transporte de medios). Desde el punto de vista laboral, cree que no es una profesión muy atractiva, debido al problema de la estacionalidad: "Las empresas y los organismos oficiales no mantienen un puesto de trabajo para luchar contra un problema que sobre todo se produce en verano. Ésa es la razón por la que algunos profesionales combinan la temporada española con los veranos de Chile y Argentina".
García afirma que se trata de "un trabajo que te tiene que gustar, ya que tiene un componente de riesgo. Además debe atraerte la diversidad y retos que conlleva el puesto". La parte negativa, según Beltrán, "es tener que enterrar en el incendio a los seres vivos que estamos cuidando para contribuir a la biodiversidad y que las próximas generaciones tengan una masa forestal. Es una profesión difícil y estresante", concluye.
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