

26-04-2006
La asesoría fiscal es una profesión libre que requiere una gran especialización en derecho tributario. A este profesional se le exige estar cerca del cliente, rectitud personal y honestidad.
Ana Colmenarejo / Madrid
El objetivo principal de un asesor fiscal es optimizar la fiscalidad de su cliente, bien sea una persona física o una sociedad, y ayudar al contribuyente a cumplir con sus obligaciones fiscales dentro de la ley pero con las mejores ventajas. Estos profesionales se quejan de que a menudo se les confunda con alguien que sabe hacer trampas para defraudar.
Con el fin de evitar la aparición de los denominados “asesores fiscales terroristas”, piden que se regule su profesión y que esté sujeta a un código deontológico.
El asesor fiscal puede ser un profesional independiente que se dedica al asesoramiento tributario con carácter exclusivo o trabaja en el departamento fiscal de una gran compañía. Aunque la ley no exige una titulación concreta para ejercer, es difícil que nadie confíe su patrimonio a alguien no especializado; la materia fiscal es muy cambiante y exige una formación continua.
Según los expertos, es preferible estudiar la carrera de Derecho ya que el sistema fiscal está basado en leyes y el asesor es quien debe hacer que se cumplan. También es frecuente que estos profesionales sean licenciados en Económicas, Ciencias Empresariales o Administración y Dirección de Empresas.
A esta titulación casi siempre se suele añadir un máster en tributación. Como explica Roque de las Heras, director del Centro de Estudios Financieros (CEF), “quien elige esta profesión, está condenado en perpetuidad a reciclarse; el mercado te echa si dejas de hacerlo durante uno o dos años”.
Al CEF, que lleva veintisiete años en funcionamiento, acuden alumnos con un cierto sentido vocacional. En las aulas se les advierte antes de nada la obligación que tienen de aprender a escuchar al cliente, ser su confidente. “El asesor es la persona de confianza del contribuyente, a la que cuenta sus secretos. Por eso deben ser éticos y no aconsejar operaciones arriesgadas. También deben intentar que el cliente pague lo menos posible, pero siempre cumpliendo con la ley”, afirma De las Heras.
Ángel Bizcarrondo es director del Centro de Estudios Garrigues, creado hace diez años y por el que han pasado más de dos mil alumnos. En este centro la formación está orientada al desempeño de la profesión dentro de grandes despachos o empresas. Bizcarrondo también coincide en la necesidad de actualizarse y estudiar constantemente: “Los cambios de las normativas fiscales o sus distintas interpretaciones así lo requieren”, afirma. Bizcarrondo explica que en el centro hacen hincapié en las diversas aptitudes que debe tener el asesor fiscal.
Para este fin existen, por ejemplo, seminarios en técnicas de comunicación oral y escrita: “Deben saber captar los problemas e intereses de su cliente, saber comunicar y convencer, trabajar en equipo, ser diligentes y atender al cliente cuando lo necesite y ser capaces de mantener un diálogo constante con la administración tributaria”, afirma. A esto también debe añadirse un gran sentido de la responsabilidad para defender los intereses particulares del cliente.
Clientes internacionales
Bizcarrondo explica que cada vez es más importante el conocimiento del inglés o de otros idiomas bien porque los clientes son internacionales o bien porque son españoles con intereses en el extranjero. También deben tener un gran dominio de la fiscalidad internacional y de las obligaciones fiscales de los no residentes.
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