

26-04-2006
El restaurador es un investigador, un científico con gran sentido crítico para saber cuándo, cómo y hasta dó
Ana Colmenarejo / Madrid.
Las facultades de Bellas Artes son la cuna formativa de los restauradores, una profesión que, al contrario de lo que pueda parecer, no es creativa. Así lo explica Manuel Prieto, profesor de Conservación y Restauración de Obras de Arte en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid: “El carácter bohemio que tenían antes los restauradores ya no existe", afirma. “Lo que prima es el carácter científico, ya que se trata de una labor que requiere ser serio, riguroso y metódico. Y no es un trabajo creativo, ya que debe ajustarse a los principios básicos de la investigación", añade.
El restaurador suele trabajar para organismos oficiales y empresas privadas mediante convenios y contratos y debe ajustarse a las exigencias del cliente. "Es la pieza la que dicta el trabajo que se realiza, según los daños que tenga, igual que un enfermo", afirma Prieto. En la facultad –en España se puede estudiar la carrera de Bellas Artes en Barcelona, Bilbao, Sevilla, Madrid y Valencia– los alumnos comienzan en tercer curso a estudiar asignaturas de carácter general relacionadas con la restauración y es en el segundo ciclo donde empiezan a especializarse estudiando, entre otras cosas, dibujo y pintura, física y química, los métodos científicos de análisis o el conocimiento de los materiales. Prieto explica que a partir de este curso se imparten "doce horas semanales de proyectos, una asignatura obligatoria en la que se enseña a licitar obras que salen a concurso público con el fin de aprender a realizar informes sobre los costes y a documentarse sobre las obras y las acciones que se deben ejecutar sobre ellas".
El restaurador adquiere sus habilidades mientras estudia la carrera, "pero lo que no aprende aquí es el sentido crítico, decidir cúando, cómo y hasta dónde intervenir sobre la pieza dañada. Eso se aprende con la experiencia", indica Prieto.
Nómadas
Una de las salidas de esta profesión es crear una empresa propia. Es el caso de Óscar García, director de Fénix Restauración, con sede en Burgos. García afirma que "es complicado buscarse la vida en este oficio. La competencia entre empresas es mucha". Dice que lo más importante de este trabajo es la formación continua "que te da el día a día, el hecho de enfrentarte a una obra, cada una con su problemática. Sólo la experiencia te ayuda a resolver los problemas".
García, que lleva quince años como restaurador, cuenta que sí existe esa parte romántica de la profesión pero que las condiciones pueden ser muy duras, trabajando en andamios y en iglesias con temperaturas muy bajas. “Es un placer tener entre las manos obras de primer orden pero también es un trabajo sacrificado. Nuestra vida laboral es muy corta y difícil de sobrellevar.
Suele acabar a los treinta y tantos. Y si eres mujer, se complica más porque los disolventes son incompatibles con un embarazo, por ejemplo", afirma. "Somos como nómadas y es complicado tener estabilidad económica y social trabajando un día en una iglesia de Cádiz y otro en Barcelona”, concluye.
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