LA COLUMNA

Un mensaje que me arruinó el día

Publicado el 19-05-2010 por Lucy Kellaway co Financial Times.

Cuando llegó el mensaje, me encontraba haciendo cola para comprar un café y una napolitana de chocolate. Lo envió un miembro del equipo de conformidad de la empresa de la que soy consejera no ejecutiva, y comenzaba con un inocente: "Hola Lucy". Al seguir leyendo, me encontré con una frase que no sólo me arruinó el día sino que también tuvo un efecto seriamente desmoralizador en las cuatro semanas que han pasado desde entonces. La Autoridad de Servicios Financieros (FSA), decía, ha solicitado una entrevista de 90 minutos conmigo en tal fecha.

Tras lo sucedido con Northern Rock y Royal Bank of Scotland, la FSA, en sus regulares visitas ARROW, insiste con frecuencia en ver también a los consejeros no ejecutivos para asegurarse de que son adecuados para el cargo. Esta razonable petición alimentó directamente mi miedo a ser despedida. He vivido con este temor toda mi vida laboral; no ha desaparecido con el paso de los años, aunque la experiencia de no ser despedida lo ha aliviado ligeramente. Pero ahora, temo que se aproxima la hora de la verdad. Los periodistas no estamos acostumbrados a que se nos pidan cuentas. Ante la FSA seguramente quede demostrado que no soy la persona adecuada para el consejo de una gran entidad financiera.

En las semanas transcurridas desde que recibiera el mensaje he pasado por las cinco etapas del ciclo de Kübler-Ross. Tras recuperarme del susto inicial, llegó la negación. Aún quedan semanas, pensé. Y, razoné, los tories seguramente ganarían las elecciones, la FSA se disolvería a toda prisa y la entrevista no se produciría.

El rechazo no duró mucho, y dio paso a la segunda fase: la ira. ¡Maldita FSA!, espeté. ¡Qué forma tan desastrosa de regular!, haciéndonos perder más tiempo en reuniones para averiguar las probables preguntas del regulador, en lugar de centrarnos en la propia empresa. Incluso el nombre de la visita es incorrecto. ARROW significa Advanced, Risk-Responsive Operating frameWork (Marco Operativo Avanzado de Respuesta al Riesgo), y debería ser, por lo tanto, ARROF. Si ni siquiera pueden escribir bien sus siglas, ¿por qué debería confiarse en que van a formular las preguntas adecuadas?

Esta forma de pensar no era la de una persona madura, ni tampoco resultaba especialmente útil, y fue sustituida con rapidez por la tercera fase: las negociaciones. Llamé a todos los consejeros que conozco para preguntarles si habían vivido esta experiencia. "No te preocupes", me dijeron algunos sin darle importancia. "Los trabajadores de la FSA no son grandes intelectos", comentaron, "sólo quieren rellenar algunas casillas. Lo único que tienes que hacer es demostrar que te tomas tu trabajo en serio y todo irá bien". Otros respondieron de forma distinta. "¡Cielos, estás en un buen lío!", me advirtieron, y comenzaron a contarme horribles historias de gente rechazada o calificada de poco adecuada.

Agobiada por la ansiedad, miré las preguntas tipo en la página de Internet de la FSA. Algunas eran cuestiones lógicas sobre el riesgo y la conducta en las reuniones del consejo. Pero entonces vi esto: "¿Se aplican los procedimientos para garantizar el cumplimiento de los requisitos de reconocimiento?" ¡Por Dios! La única salida que me quedó fue estudiar cuatro larguísimos documentos de preparación elaborados meticulosamente por el equipo de conformidad de la empresa. Y fue en este punto cuando apareció la cuarta fase –la depresión–. Tengo que leer cerca de 300 páginas, y no son precisamente divertidas.

Y ahora, a unas pocas semanas de la entrevista, creo que estoy entrando en la última fase: la aceptación. Sigo despreciando las siglas. Sigo dudando de que el dominio de todos esos detalles sobre TCF ICG e ICR vaya a convertirme en mejor consejera. Pero veo a regañadientes que mi sufrimiento tiene un propósito. Tenemos que estar asustados, porque lo que hacemos aterra. El objetivo de todo este proceso es evitar la llegada de un correo electrónico mucho más sobrecogedor que diga que la empresa es insolvente y que voy a ir a la cárcel. Así que deséenme suerte con mi trabajo. Prometo mantenerles informados de mis progresos.

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