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El imperio de los sentidos

Publicado el 14-12-2007 por

Recuerdo aquella película que en mi adolescencia, a hurtadillas y, por supuesto, sin permiso de mis padres, logré ver: El imperio de los Sentidos. ¿Se acuerdan de ese polémico y controvertido film basado en la relación sórdida de una pareja que traspasa los límites sensoriales? Pues bien, el título de esta película magistralmente dirigida por el japonés Nagisa Oshima en 1976, me sirve de excusa, ?o inspiración si se prefiere?, para ensalzar la importancia que las organizaciones deberían otorgar a la gestión de los sentidos.

La única forma de obtener beneficios es atraer la parte emocional de las personas: clientes y empleados movidos por los sentimientos y la emoción, y no tanto por la razón. La forma de lograr instalarse en el mercado de los talentos es olvidarnos un poco de la cabeza y centrarnos en el resto del cuerpo, en el corazón de la gente para conseguir su afecto, su disposición intuitiva y su deseo.

Las mejores y las peores cosas en nuestra vida tienen que ver más con el mundo de los sentimientos que con la lógica de la razón: amor, alegría, pasión, emoción, cariño, sensualidad, miedo. A pesar de ello, las empresas se empeñan en relacionarse sólo a través de la razón; aún sabiendo que el hombre antes de pensar, siente. Nuestro amigo, el afamado Eduardo Punset, asegura que toda decisión ?por muy alta que sea nuestra posición directiva? es siempre emocional.

Existen cuatro formas básicas de relacionarnos: apelar a la razón, al afecto, a la intuición y al deseo. La razón es una cuestión lógica, estructurada; el afecto tiene que ver con el amor, la intuición es una apreciación afectiva y el deseo corresponde a la excitación, a la sensualidad y al instinto.

Dirigir el resto del cuerpo supone dar significados a las personas y utilizar el mismo tratamiento que utilizan las organizaciones para crear las marcas. Los resultados pueden observarse fácilmente en el efecto de tranquilidad y seguridad que provocan dichas marcas, denominadas por algunos como el valium de la aldea global.

Un ejemplo puede ser el de Harley Davidson. ¿Qué es lo que nos transmite esta marca? Nostalgia, autonomía, libertad, independencia, poder, éxito. Otro caso significativo es Body Shop que, con su filosofía de la mujer, la ética de la economía y su política de productos cosméticos naturales, nos transmite cierto narcisismo y belleza, salud, amor por la naturaleza, respeto por el medio. Otro ejemplo es Coca-Cola. ¿Qué es lo que vende?, ¿agua azucarada o vitalidad, aventura, alegría de vivir, o "la chispa de la vida"? O incluso Toyota, empresa bastante sensibilizada con la gestión de emociones, que está incluso tratando de crear árboles capaces de absorber los gases tóxicos de los motores como forma de corresponsabilizarse.

Ninguna de esas empresas trabaja con la razón, todas apelan a la emoción, a la parte más afectiva e inconsciente. Lo mismo debemos hacer con nuestros profesionales y clientes: tener en cuenta sus sentimientos, su parte más subliminal, inconsciente, afectiva y emotiva. Ésta es mi propuesta en esta tribuna: convertir su contexto de trabajo en un imperio de los sentidos en el que, traspasando los límites tradicionales de la razón, haga que la gente se sienta especial, única y viva.