Publicado el 15-07-2006 por
Toda travesía que quiera zarpar con un mínimo de garantías y llegar a buen puerto, necesita tener en cuenta tres aspectos fundamentales: el control de las emociones, la búsqueda serena de una solución y el trabajo en equipo.
Cualquier proyecto que iniciemos en la vida, sea personal o laboral, se acaba convirtiendo en un viaje en el que hay que superar, una a una, todas las dificultades que nos separan del bien perseguido.
Como un velero en alta mar, nuestra trayectoria puede zozobrar a la mínima inclemencia meteorológica o resistir contra viento y marea hasta alcanzar buen puerto. Los que navegamos sabemos que en la mar, ante una tempestad, la actitud más eficaz nunca es luchar contra las olas, sino navegar a su favor, correr el temporal y esperar a que amaine.
En nuestra travesía personal, frente al desánimo y la desesperación de los momentos difíciles, habrá que exigir paciencia, constancia y tesón. Con la calma, todos los veleros de nuestras vidas podrán fácilmente dar un golpe de timón y poner rumbo de nuevo hacia su destino.
Es cierto que no podemos cambiar ni la dirección del viento, ni la fuerza del mar, ni el tamaño de las olas, ni la corriente que arrastra nuestro velero a la deriva. Pero sí podemos adaptar la orientación de las velas y del timón, o dejar de luchar inútilmente contra las olas y esperar que se presente de nuevo la oportunidad. No hay que olvidar nunca que hasta las tormentas más impresionantes acaban por escampar. Siempre escampan.
Por tanto, hay que tomarse las dificultades en serio, pero no hasta el punto de que acaben paralizándonos y bloqueando la búsqueda de soluciones. Ante cualquier accidente o imprevisto es preciso analizar el problema, diagnosticar sus causas y barajar las posibles soluciones antes de decidir y actuar. En definitiva, no preocuparse de las dificultades sino ocuparse de ellas. Demasiado a menudo, la mayor traba para nuestros planes es nuestra propia visión del problema.
Podríamos decir que toda travesía que quiera zarpar con un mínimo de garantías necesita tres aspectos fundamentales: el control de las emociones, la búsqueda serena de una solución y el trabajo en equipo. Y podríamos decir que todo objetivo humano se mueve entre dos esferas indivisibles: la individual y la del entorno, es decir, del equipo. Hay que ser plenamente conscientes de que los resultados no dependen únicamente de nosotros, sino de las personas que nos rodean.
A veces tenemos la percepción de que el equipo, nuestro equipo, genera más dificultades que soluciones: hay que conciliar la diversidad de opiniones, preservar la necesidad de un reconocimiento individual aún manteniendo la cohesión del conjunto e invertir mucho tiempo en conocer los sueños y temores de cada componente.
Sin embargo, la flexibilidad ante la diversidad de opiniones, el fomento de la iniciativa, la creatividad y la energía de ese equipo serán siempre nuestra mejor arma para salir de un atolladero.
Hechas estas consideraciones, planteo diez claves para llegar a buen puerto:
1. No seas veleta y acaba todo lo que empieces. No vivas por impulsos y cuando te embarques en algo, dedícate a ello en cuerpo y alma.
2. Conoce a tu equipo y deja que te conozcan. No tengas miedo de dañar tu imagen y comparte con ellos todo lo que sabes. Asegurarás el éxito y crecimiento de todos.
3. Mírate al espejo: conoce tus emociones y aprende a controlar tus reacciones. El "yo soy así" no es excusa. Eres quien quieres ser.
4. Ten visión de futuro, sueña y sé proactivo. Ten iniciativa y no esperes a que tu futuro venga, créalo. Un día llegarás a ser y a estar donde soñaste.
5. Cambiar es mejorar, desarrollarse y crecer. Cambiar es estar vivo. Sé flexible, abre tu mente, y en medio de la dificultad encontrarás tu oportunidad.
6. No des las cosas por supuestas. No tengas vergüenza ni pereza de preguntar. Sabrás mucho más y cometerás menos errores.
7. Presta atención a los demás. Diles lo que hacen bien y, constructivamente, reconoce lo que se puede mejorar. La autoestima depende de ello.
8. No podrás comprender la actitud de los demás hasta que no te pongas en su piel. Cuando alguien te habla, déjalo todo y escucha. Invierte tiempo para ganarte su confianza.
9. Comunicar con intensidad es cuidar el tono, la forma y los gestos tanto como las palabras. Sobre todo, busca siempre el momento oportuno.
10. Da valor a las cosas: todo tiene su parte positiva y negativa. Aprende de los errores y crece con los éxitos.
No hay, por tanto, capacidades especiales y fórmulas mágicas que nos aseguren llegar a buen puerto. Son las lecciones del camino las que encierran en sí mismas las claves para alcanzar el objetivo, para cambiar intenciones por acciones alejando la tentación de retroceder y guarecerse en el puerto de partida.
Todo lo bueno cuesta y el aprendizaje constante es una condición sine qua non para avanzar en la vida. Pero tras el esfuerzo invertido, nunca hay que olvidar celebrar el éxito que nos insuflará energía para nuestra nueva aventura.
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